Lunes, 26 de marzo de 2007
A la manera de Mozart

David Hidalgo Vega
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TALENTOS. A los 12 años, José Gabriel Aguilar es una promesa musical. Participa desde los 10 en la Orquesta Sinfónica Nacional Infantil. Y acaba de sacar un disco personal de homenaje al autor de la Pequeña Serenata Nocturna. Un deseo de viajar ha marcado su debut

Una frase lapidaria de Saint-Exupery dice que todo niño maltratado es un Mozart que asesinan. Alguien diría que José Gabriel Aguilar, a los 12 años, ha perseguido el ideal opuesto con desesperación. El muchacho lleva más de un tercio de vida con el violín. Empezó un día en que vio a un hermano menor practicando con una flauta como parte de una terapia para solucionar sus problemas de lenguaje. La música, esa sabiduría de los sonidos, lo capturó de inmediato, pero derivó de los vientos a las cuerdas. La prueba de que se lo tomó en serio es que a los 10 años ingresó a la Orquesta Sinfónica Nacional Infantil. El indicio de que no será uno más es que acaba de grabar un disco dedicado justamente a Mozart.

José Gabriel es un muchacho de gestos reposados que disimulan su inquietud. Parece estar más atento de lo que quiere mostrar, hasta que habla de música y la emoción lo delata. "Me parece que Paganini es simplemente un loco con el violín. Tiene composiciones que son dificilísimas. Solo lo he escuchado, es demasiado técnico", explica. Hay algo de prematura madurez en su manera de expresarse que parece provenir de la música. Es acompasado y enérgico según el momento, como los temas que interpreta. También le gusta Vivaldi. Y especialmente Mozart, entre cuyos méritos está el haber mostrado su talento desde pequeño.

El chico es fruto de su ambiente. El padre es un aficionado a la guitarra, a la música en general, que inunda los ambientes de su casa con temas de música clásica. En un aparador de la casa acumula estuches negros con esos broches plateados que les dan la solemnidad de pequeños baúles musicales. En las mismas repisas guarda otros instrumentos, de semblante modesto y larga alcurnia: quenas, zampoñas, charangos. Dos de los seis hijos, hermanos menores de José Gabriel, caminan bajo el reciente encantamiento de las cuerdas. El método Susuki les abrió los oídos al mundo y ahora juegan con sus instrumentos con el mismo interés que podrían poner en el deporte o los videojuegos.

MÚSICA POR SIEMPRE
José Gabriel tiene un violín que le compró a su padre hace un tiempo. Es un instrumento usado, al que sus dueños originales lastimaron involuntariamente. En los bordes tiene leves magulladuras disimuladas con algún tipo de esmalte o barniz. El brillo de la madera carece de la virginidad de los instrumentos nuevos. El estuche luce un trajín de varios años. El muchacho está feliz con tenerlo para sí. Cuando llegó el momento de cambiar el pequeño instrumento para principiantes con que había aprendido, su padre lo dejó en libertad de elegir: podía utilizar uno de los violines que ya existían en la casa o podían adquirir uno que se acomodara a sus necesidades. "Escogí este, porque me gustó desde el inicio. La madera es buena, el sonido es bueno", dice con certidumbre de veterano. El Susuki-Nagoya no le ha fallado hasta ahora. Fue una estupenda elección.

En cierto momento le pregunto si entre sus sueños de músico emergente estaría tocar un violín Stradivarius, a la manera en que un aficionado a las carreras adoraría manejar un Ferrari. Su gesto es de una complacencia recóndita. Le parece que sería "como tomar un vino muy viejo". Él, en cambio, es más realista y apunta más cerca. "Ahora ha salido el violín eléctrico", comenta. Le fascinan las posibilidades de explorar que ofrece esa nueva versión. José Gabriel adora los clásicos, pero tiene el gusto abierto para propuestas de todo tipo.

Una de las artistas que más admira es Vanessa Mae, una violinista formada con todos los rigores clásicos que alcanzó la fama por transgredirlos con mezclas de jazz, pop e incluso sonidos electrónicos. "Tiene un tema de Bach con batería, guitarra y bajo eléctricos que me gusta mucho", refiere el muchacho. A él le acomodaría realizar experiencias parecidas con sonidos andinos. Eso es lo que ha plasmado en su flamante primer disco, titulado con el ambicioso título de "A mi manera".

El disco es otra muestra de ese temperamento sereno pero de pasos ciertos. Meses atrás tuvo la idea de viajar al Vaticano para conocer al papa Benedicto XVI. Varios compañeros suyos participarán en un encuentro mundial de jóvenes con el pontífice. Sus ganas de viajar tropezaban con el presupuesto familiar. Su padre tuvo la idea de recuperar el dinero dándole uso a su instrumento: le propuso grabar un disco.

"Para mí esta experiencia fue nueva, pues no había grabado antes. (...) Pensé que las grabaciones iban a ser parecidas a un concierto como los muchos en los que he tocado. Con el transcurrir del tiempo me di cuenta de que era algo muy diferente. Las grabaciones son muy exigentes, en el sentido de que se percibe cualquier ruido o ligera desafinación, pero se pueden repetir esos errores repitiendo lo que se ha tocado", dice el joven músico en un pequeño texto que acompaña al disco. Lo que no dice el texto es que incluso esas repeticiones eran limitadas porque el alquiler del estudio y el pago de los músicos no estaba para andarse con gracias.

Durante dos meses del último verano, José Gabriel ensayó y grabó los temas con todo el entusiasmo de un debutante. El arreglista César Vega lo guió en la selección de temas y los instrumentos que acompañarían su ejecución. El año era propicio para dedicar el repertorio a Mozart, a dos siglos y medio de su nacimiento. "El repertorio obedece a una selección representativa de la vasta producción de Mozart, que va desde el motete Ave Verum Corpus y el Laudate Dominum de las Vísperas Solemnes, como una muestra del repertorio sacro. Del género dramático tenemos las dos arias de la Flauta Mágica, ópera más lograda y madura del compositor, del repertorio camarístico nos presenta la Pequeña Serenata Nocturna y el Rondó a la Turca de la Sonata en La mayor; y los temas más populares de las sinfonías 35 y 40, del género sinfónico", explica en una entusiasta presentación el maestro Wilfredo Tarazona, director de la Orquesta Sinfónica Nacional Infantil.

El violín de José Gabriel está acompañado por flauta, zampoña y charango. "Es una tierna versión, limpia, transparente, natural", apunta Tarazona. El chico tiene claro que por ese lado apuntan las clavijas de su instrumento.

OÍDO FINO
En el estuche de su violín, José Gabriel guarda una partitura de la pieza titulada "Der Spiegel". Todavía la está practicando, pero le encanta hacer notar el detalle de que la misma partitura puede ser usada por un primer violín si está en su lugar y por el segundo violín si es puesta al revés. "Mozart era un genio", dice complacido. Es obvio que le tomará un buen tiempo más el bucear en las partituras de ese autor.

No es un desafío nuevo. José Gabriel puede reconocer piezas de varios autores con solo escuchar breves fragmentos. En el año 2000 fue el participante más joven de un concurso de audición musical basado en piezas de Chopin. Y en el 2004 quedó en segundo lugar de la calificación general en el mismo certamen, dedicado ese año a Bach. En esos certámenes los concursantes deben decir el nombre de las composiciones con solo oír unos segundos. Algunos presentes todavía recuerdan el mano a mano final entre José Gabriel y una joven escolar: ambos reconocieron 23 piezas de las que solo podían escuchar un segundo. Él se equivocó en la 24, pero la rival acertó y ganó el certamen. El detalle es que la chica cursaba el cuarto de media.

Todavía no tiene claro qué carrera estudiará después del colegio. Solo sabe que la música seguirá entre sus prioridades. Varios compañeros suyos del colegio San Pedro han apoyado su entusiasmo. Ya vendió cien discos. Es su primera marca de bestseller.





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