Fernando Vivas, Periodista
Mis respetos ante la vitalidad de los blogs literarios. Algunos de los mejores, como los de Gustavo Faverón y Paolo de Lima, se arman en el extranjero, y esa distancia relativa --porque vaya que están dateados-- modula su reflexión, haciéndola menos dependiente del rumor callejero y más amparada en lo publicado por la prensa.
Sin embargo, se especializan en ahondar y rebotar lo que en esta aparece soso y lato. Esa es su gracia y su provocación. No se les pasa ninguna controversia, desde los plagios imputados a Rafo León o a Alfredo Bryce Echenique, hasta el tema del que ahora quiero ocuparme: la polémica sobre "Madeinusa". Mientras la crítica periodística ha recibido la película con parejo entusiasmo, en los blogs le llueven más palos que loas. El principal cargo: que es racista.
Para empezar, prefiero hablar de candor y no de racismo puro y duro, pues no veo en la directora y guionista Claudia Llosa ninguna expresa intención de generalizar los valores negativos (perfidia vindicativa, lascivia incestuosa del padre, envidia destructiva de la hermana, ventajismo asesino de la heroína) de sus personajes andinos. "Madeinusa" no es una radiografía de la puna ni mucho menos.
A su argumento se le ha amputado cualquier referencia geográfica o histórica.
El pueblo de Manayaycuna no existe como tampoco existen los rituales que marcan el tiempo libre de pecado durante la Semana Santa. Pero hay que decir que este mito sobre otros mitos, mito de segunda, es una buena y provocadora idea.
Aquí comienza mi entusiasmo y mi insatisfacción. Sucumbo a la seducción de la rareza, de la mirada fascinada ante el paisaje, de la simbología religiosa y carnavalesca (¡vaya alegre confusión!), me dejo arrullar por la voz de Magaly Solier cuando canta sus pensamientos. Pero deploro el desenlace fatalista. Me frustra que todas las correspondencias, de las que habla Ricardo Bedoya en su crítica, estén en función de una historia de choque y no de fusión de culturas.
Es como si la directora tuviera los ojos de una antropóloga imaginativa en el cuerpo de un candoroso indigenista e hiciera un bello y moderno documental con el espíritu de los "Cuentos andinos" de Enrique López Albújar.
El indio es un noble y sensual destructor de esquemas, pues así se venga de siglos de postergación. ¡Qué desfase! Pero no es racista quien pinte así las cosas cuando la cultura contemporánea nos reta a dramatizar sobre migraciones, nuevos sincretismos, historias de pueblos conectados directamente con el extranjero sin pasar por la capital, resistencias politizadas.
Por decirlo de alguna manera, la historia de "Madeinusa", con el gringo vampirizado por el pueblo, está en las antípodas del turismo vivencial promocionado por Prom-Perú. No se la podría pasar ni en un vuelo con destino a Lima ni, por cierto, en un foro sobre la inclusión. Y ese desfase se me ocurre que es el resultado del legítimo candor de quien va a contracorriente sin darle muchas vueltas al asunto. Y ello no necesariamente empobrece a un filme, puede enriquecerlo de extrañas y sutiles maneras.
Por eso, a pesar de todo lo que acuso, me parece un filme atractivo. Las contingencias de "Madeinusa" empiezan en su título, pues mal podría llamarse así una niña en un pueblo tan hostil a lo foráneo. Y terminan en la polémica que ha generado y que colea en los blogs.