La viabilidad de las nuevas tecnologías
Por Eduardo Bruce Montes de Oca
Ex presidentede Canal 7
Una comisión multisectorial recomendará este año cuál de las tres tecnologías disponibles para la TV digital adoptaremos en el Perú. Los estándares en carrera: el ATSC de Estados Unidos, DVB de Europa y el ISBN de Japón.
El pase a televisión digital tendrá un impacto similar al que hubo con la introducción de los discos compactos en la industria discográfica. En lo cualitativo, tendremos en nuestros hogares televisión de alta calidad, sin interferencias y programas de alta definición.
No pretendo acá evaluar técnicamente cada uno de ellos; los tres son buenos y la comisión determinará cuál es el mejor para nosotros. Sin embargo, es pertinente mencionar el impacto en el consumidor, quien por el mejor servicio deberá cambiar su actual televisor analógico por uno digital, o adquirir un decodificador para adecuar su actual televisor a la nueva tecnología.
Para los segmentos altos de la sociedad, este cambio no tendrá mayores impedimentos. Es la población de menos recursos la que no tiene cable, la que nos debe preocupar; para ellos el costo de la migración a digital será un tema de importancia capital. Por ello, el precio al público de los nuevos televisores, y en especial del decodificador, es un factor altamente relevante en la determinación del estándar que debemos adoptar.
Pero el cambio más importante es cuantitativo: se ampliará la capacidad de transmisión de señales televisivas. En buen romance, habrá muchos más canales de los que hoy tenemos disponibles. Veamos el caso de Lima: hoy día en el espacio del espectro electromagnético donde operan siete canales en VHF, se podrían transmitir hasta 48 señales; 28 en el espacio ya otorgadas a las actuales empresas televisivas y 20 que pueden ser materia de nuevas concesiones. Conforme avance la tecnología esta capacidad crecerá.
¿Tendremos 48 canales en televisión abierta en Lima? ¿Cómo administrarán las actuales empresas radiodifusoras los 28 canales sobre los que ya tenían derechos adquiridos? ¿Quiénes operarán los 20 nuevos canales? ¿Qué criterio de contenidos se establecerán para esta gran oferta de señales televisivas? ¿Cómo se van a financiar los nuevos canales? Las respuestas a estas preguntas deberán ser producto de un amplio debate entre el Estado, los radiodifusores y la sociedad civil. En él deberán gravitar los criterios de servicio al ciudadano, acceso a nuevos actores públicos y privados, promoción de la producción nacional de programas televisivos y la viabilidad económica de las actuales y futuras empresas televisivas. Lo último es particularmente importante, dado que el avisaje publicitario es el sostén económico de la industria televisiva y no crece en función de la oferta de canales; por ello, la asignación indiscriminada de nuevas licencias apunta a que la participación de ingreso publicitario de cada empresa se reduzca a niveles que puedan dañar su solvencia económica, técnica y moral.
Usando términos de hoy, los nuevos canales deberán previamente demostrar la viabilidad de su operación vía un filtro similar al SNIP, por el que pasan los proyectos de inversión pública, el mismo que nos asegurará su viabilidad y sostenibilidad, con criterios como la facilitación del ejercicio de los derechos de opinión e información, inclusión social, promoción de la producción de programación local, defensa de la sana economía de la industria televisiva y el eficiente uso del espectro radioeléctrico.