Crítica de arte. MAC: recuento e invocación

Por Élida Román

El jueves 7, el Proyecto Museo de Arte Contemporáneo, a cargo del IAC, su creador y promotor, fue presentado en un evento que incluyó participación de artistas grafiteros, música electrónica y exposición del plan. Viejo propósito, imprescindible para la cultura local, ha sufrido tropiezos y paralizaciones por obra y gracia de actitudes desacertadas, trabas burocráticas, decisiones sin consenso, ausencia de un sistema de comunicación efectivo, desplantes personalistas, etc. Un acuerdo con una anterior administración del distrito de Barranco otorgó al proyecto un amplio espacio en el parque que se encuentra al ingreso del distrito, hasta ese momento ocupado por el edificio de un centro cultural en abandono y pésimas condiciones físicas, cercano a una pequeña laguna que también mostraba los estragos de la falta de cuidado y mantenimiento.

Acá surgió el primer escollo. No hubo diálogo en cuanto a conciliar lo existente con lo nuevo, en informar con claridad la situación física y las necesidades mínimas para la actividad que se programaba, en resolver diferencias y convencer sobre los cambios, buscando una participación vecinal que se sumase al emprendimiento.

El resultado fue la elaboración de un proyecto arquitectónico surgido de la buena voluntad y no de la concurrencia de criterios, ajustado a una sola visión y un solo parecer, y no surgido de un concurso abierto, como hubiese sido deseable.

La única convocatoria que se llevó a cabo fue la de la colaboración de artistas nacionales y extranjeros, quienes donaron obras a ser subastadas a fin de obtener fondos necesarios. El resultado no alcanzó a cumplir lo requerido y nuevamente se extendieron los plazos. El acuerdo con la municipalidad, ya con nuevas autoridades, que como las anteriores fueron elegidas democráticamente, fue renovado en dos oportunidades, plazos que no pudieron cumplirse por dificultades en la obtención del financiamiento.

Buscando una solución, se propuso fusionar el proyecto con otro similar que se había gestado para la creación de un museo dedicado a la obra del maestro Fernando de Szyszlo, y ofreciendo a cambio colocar el nombre de este en el original. Una sucesión inacabable de declaraciones y confrontaciones, sin las respuestas adecuadas que debieron haber aclarado totalmente la situación, no hizo más que enfrentar entre sí a promotores, artistas y público en una lamentable seguidilla de acusaciones mutuas y desentendimientos que, hasta la fecha, no han sido totalmente resueltos y que han dañado a todos. Como consecuencia, la directiva del Proyecto MAC-IAC renunció en pleno, y se nombró un nuevo directorio, presidido por el ingeniero Jorge Gruenberg, que asumió este pasivo y, ejerciendo una necesaria autocrítica, procedió a encarar el relanzamiento del proyecto desde una nueva perspectiva y encargó un estudio adecuado a una museóloga profesional, que lo ha elaborado en el transcurso del último semestre. Esto es lo que se dio a conocer al público.

Pero ahora nos encontramos con una nueva situación, que parece prolongar las sinrazones del pasado. Las nuevas autoridades barranquinas, encabezadas por su alcalde (que con vehemencia ha hecho pública su posición de impedir la prosecución del proyecto, y ha rechazado cualquier reunión con los responsables del mismo en un gesto que no se condice con las obligaciones y responsabilidades para las que ha sido electo) creen que lo mejor es destruir lo avanzado, y reconstruir casa y lagunita, y convocó a los vecinos a una manifestación de protesta, en lugar de llamar a una reunión amplia de diálogo en que se expongan ideas, voces alturadas prevalezcan y podamos, por una vez, emprender una tarea juntos, escuchándonos con la madurez que la inteligencia dicta y el respeto mutuo obliga.