Mucho ojo

¿Condenados?

Por Fernando Vivas

Jaime Bayly le preguntó a Beto Ortiz si había hecho mal en revelar su intimidad con Diego Bertie. Beto le dio su absolución.

No seas conchudo, Jaime. Por supuesto que es abusivo perifonear la lista de tus affaires privados. Más allá de la fama, la preferencia sexual o la calidad moral de quien tuvo el buen o mal gusto de acostarse contigo; más allá de que todo sea verdad o cuento; es de muy mala onda creer que porque te prodigaste a alguien que supongo que no te apuntó con una pistola para que lo hicieras, te conviertes en acreedor de su intimidad y te reservas el derecho de meterlo o sacarlo del clóset cuando te dé la gana y de darle lecciones que se te antojan de transparencia y moralidad.

Sin embargo, entre broma y broma con Beto, Jaime sí dio en un ilustre blanco cuando dijo que Mario Vargas Llosa se había adelantado a los excesos de ambos cuando vampirizó la imagen de Julia Urquidi en "La tía Julia y el escribidor" (1977), que la susodicha por cierto replicó en "Lo que Varguitas no dijo" (Editorial Khana Cruz, La Paz, 1983).

La alusión no fue antojadiza. Sucede que en su columna 'Piedra de Toque' publicada en este Diario el 11/06/07, a propósito del 'Boloccazzo', MVLL se lamenta de los libelos, la insidia y los excesos invasivos que se cobijan bajo la libertad de prensa, y concluye que estamos "condenados, nosotros, ciudadanos de los países libres y privilegiados del planeta, a que las tetas y culos de los famosos y sus 'bellaquerías' gongorinas, sigan siendo nuestro alimento cotidiano".

Pero los rabos de paja de los citados, ya sean ilustres y discretos, o más bien trajinados, no son razón para cortar ahí la reflexión. No quiero compartir la resignación sistémica de MVLL, pues, por más que vemos todos los días ejemplos de suma y globalizada impertinencia conseguidos con herramientas de sofisticado poder invasivo, también vemos crecer la capacidad de reflexión de la gente, planteando correctivos y conminando a los medios a autorregularse. Además, somos menos crueles. Si antes se condenaba al ampayado a la hoguera, ahora se le tiende a dar libertad condicional.