Rincón del autor: ¡Ampay!

El haberlo omitido, el proceder sin transparencia, la votación en bloque y el apuro en arribar a una decisión, tiñó su actuación y afectó la legitimidad de lo realizado

Por Beatriz Boza

¿Qué estuvo mal en la elección de los miembros del Tribunal Constitucional la semana pasada? ¿El pacto político, la votación en bloque, la calidad de los elegidos, o que no se dieron a conocer las evaluaciones a los candidatos? El ampay de "Caretas" y la contundente reacción de la prensa, liderada por este Diario, hicieron que el Congreso rectifique su decisión. Y esta no es la primera vez, basta recordar el caso del bono de escolaridad cobrado por congresistas que no tenían hijos en edad escolar, o la contratación de asesores fantasma. Vivimos en una sociedad mediática en la que la libertad de expresión y el papel de la prensa constituyen una poderosa garantía ciudadana. Así, la transparencia y el acceso a información son hoy un mandato de supervivencia política de la misma manera que el pacto y la negociación política son necesarios para arribar a acuerdos de gobernabilidad, especialmente cuando no hay mayorías claras en el Congreso.

En una democracia, es potestad y responsabilidad de un buen político lograr consensos, reducir discrepancias y articular voluntades para sumar. Para ello, la negociación y el pacto político no solo son válidos sino necesarios, pero pactar no significa licencia para la arbitrariedad pues por encima del acuerdo político está un criterio de racionalidad. Un político actúa políticamente, ese es su papel y su valor, que no se mide con parámetros técnicos estáticos pues dependen de cada realidad. Su capacidad concertadora es un activo y un don del que algunos políticos peruanos de distintas bancadas hacen gala.

En el caso de la elección de los miembros del TC, no fue el pacto político en sí mismo lo que estaba mal sino la forma de proceder. Si en vez de hacer sus propias listas, el Congreso optó por una lógica de concurso público de méritos, debía proceder a publicar de manera sistemática la lista de postulantes y los resultados de su evaluación. Cualquiera sea el mecanismo utilizado, como ciudadanos tenemos derecho a conocer los criterios de evaluación, quienes postulan, su trayectoria, sus opiniones y la posición de nuestros representantes en el Congreso. El haberlo omitido, el proceder sin transparencia, la votación en bloque y el aparente apuro en arribar a una decisión, tiñó su actuación y afectó la legitimidad de lo realizado. La foto del ampay fue la gota que derramó el vaso porque concertar no es sacar la vuelta ni licencia para atropellar formas y contenidos.

Hoy en el Perú, eso hemos ganado: escrutinio de la opinión pública para escuchar a través de ella la voz ciudadana. Mientras nuestros representantes en el Congreso no tengan eso claro, el ampay seguirá siendo nuestro mejor recurso con todo el costo de legitimidad que ello acarrea.