Especial AGP: EL PERSONAJE

Entre la plaza y el espejo

El presidente cierra su primer año de gobierno y en el balance de su figuración mediática destacan dos indicadores que él conoce de memoria: el populismo y la vanidad.

Por Renato Cisneros

Alan García no necesitaba alcanzar la presidencia del Perú por segunda vez para encarnar al personaje singular y provocador que es y siempre ha sido.

En su caso, la solemne banda rojiblanca que le rodea el tórax, en lugar de aplacar la vehemencia de sus impulsos, tiene el raro efecto de potenciar sus actitudes más rocambolescas.

Por eso no ha sido nada raro que en los más de 300 días que lleva en Palacio, varias reacciones y comportamientos suyos (tan ajenos a la política y al mismo tiempo tan reveladores de su forma de ser) hayan merecido generosa cobertura en diarios y noticieros. Si evaluarlo como jefe del Estado es un trabajo pesado, analizarlo como 'animal mediático' es paradójicamente entretenido.

YO SOY EL QUE SOY
Para empezar, si algo ha caracterizado a Alan en este primer año es su renovada vocación por ser la estrella principal de la película, libre de coprotagonistas que pudieran eclipsarlo. Durante todo el primer semestre de su gobierno, García mostró ante las cámaras un 'figuretismo blindado': emitía declaraciones cada día y opinaba acerca de casi todos los sucesos del acontecer nacional y continental. Si Alejandro Toledo tenía que huir de la prensa porque muchas veces no sabía qué decir ante ella, García la persigue y la convoca justamente porque sabe cómo atarantarla.

A pesar de que debió oír y digerir decenas de criticas por esa sobreexposición, el líder aprista no cambió el libreto. Obcecado como es, prefirió ejecutar una movida inteligente: descentralizó sus actividades y alternó su trabajo en Lima con inéditos (y por eso mismo saludables) despachos en provincias.

Pero la auténtica naturaleza de García cobró dimensiones mayores a partir de ciertos hechos que lo dejaron pintado de cuerpo entero. El primero de ellos, curiosamente, juega a su favor: el reconocimiento público de su hijo Federico Dantón, cuya existencia fue puesta al descubierto por un columnista local. En ese trance, García replicó con un batacazo de astucia y le dio la vuelta a tiempo a una tortilla que ya empezaba a quemársele.

Después, sin embargo, lo que hemos visto ha sido una serie de tics de un egocentrismo que --felizmente para el país-- hoy es más caricaturesco que dañino: la aireada verticalidad con que suele tratar a algunos ministros o los ampulosos bailes con que le gusta cerrar sus mítines; o ciertas ironías y bravatas en contra de los gremios sociales (los "comechados del Sutep" saben a qué me refiero).

QUIÉN TE VIERA, QUIÉN TE VIO
Durante la campaña del 2006, García cautivó a buena parte de sus votantes asegurándole que había cambiado, que era otro. No era mentira: el TLC es la prueba. Hace 20 años no solo no hubiese promovido un trato comercial con Estados Unidos, sino que --en nombre del antiimperialismo que tanto reivindica el dogma aprista-- hubiera impulsado su censura. En cambio, hoy --acaso por madurez (o quizá por pragmatismo)-- no se hace paltas para volar a Washington, visitar la Casa Blanca y entrevistarse con mister Bush.

Y junto a esos insólitos acceso de liberalismo, nuestro presidente ha incorporado a su modus operandi un cínico --pero muy útil-- repertorio de sonrisas que le permite camuflar sus incomodidades. Eso se notó claramente durante su encuentro con Hugo Chávez en Bolivia. Luego de lanzarse mutuamente toda una vajilla dialéctica, García y su colega venezolano sintieron el llamado de la "química" y se confundieron en un inolvidable y fotogénico abrazo de utilería.

A favor suyo, eso sí, habría que destacar que no se ha dejado persuadir por ninguno de los ejes ideológicos que operan en la región. Equidistante de la izquierda y la derecha, él sigue prefiriendo el centro como un espacio estratégico, una plataforma en la que suele hacerle compañía su par colombiano Álvaro Uribe.

QUIERO SER MÁS POPULAR
En García, los fútiles vestigios de esa megalomanía cuasivirreinal son de cuidado cuando entran en combustión con otro rasgo de su cosecha: el populismo puro.

Y no estamos hablando aquí solo de las condecoraciones con que el mandatario premió a los desaparecidos integrantes del grupo musical Néctar, o a Máximo Jesús Piñeyro, el moreno vendedor de sanguito, sino de la celosa defensa que hizo de la pena de muerte para violadores y terroristas, un dispositivo de difícil aplicación constitucional pero que calza perfectamente con las apetencias del pueblo.

Como un hecho fáctico de contrapeso, cabe subrayar que ese mismo apasionamiento le sirvió a García para que las medidas de austeridad que prometió el verano pasado se impongan rápida y transversalmente. Un mérito eminentemente suyo.

Lamentablemente para él, todo el empeño que puso al inicio para prolongar la luna de miel con el electorado ha ido perdiendo vigor. Que hoy solo el 32% de la ciudadanía le levante el pulgar es un inequívoco síntoma de ese enfriamiento.

TRES SEÑORES CONVERSAN
Para el analista político Santiago Pedraglio, el personaje García ha tenido un año emocionalmente agitado, ya que continuamente ha alternado la ira con la complacencia.

"Me ha llamado la atención su irritación por haber perdido la capacidad para imponer la agenda que tuvo durante sus primeros meses de gobierno. También mencionaría la agresividad que mostró con los manifestantes callejeros, y su inversamente proporcional amabilidad con los grandes inversionistas (como si los paganos de su primer gobierno hubieran sido solamente estos últimos)".

Otro analista, Álvaro Rojas, opina que García ha sabido mantener un equilibrio en el poder. "El presidente es un notable ejemplo de supervivencia política y una clara evidencia de que, en el Perú, manejando coyunturas aparentemente catastróficas y actuando sobre escenarios ilusorios, se puede tener presencia, vigencia y mandato".

Rojas también aplaude el tino que ha mostrado el jefe del Estado al extenderle su confianza a Jorge del Castillo en la Presidencia del Consejo de Ministros. "Pienso que lo negativo de este año ha sido su innecesaria sobreexposición", concluyó.

Finalmente, Gustavo Rodríguez, publicista y director creativo de Toronja Comunicación Persuasiva, interpreta los ademanes de García con perspicacia y alguito de sarcasmo.

"A mí no me llama la atención su homenaje al grupo Néctar, ni su gordura, producto --seguramente-- de una ansiedad que crece con su impopularidad. Tampoco me sorprende que se presente inaugurando obras con una foto gigantesca suya de fondo. Yo siempre he sostenido la tesis de que García confunde los aplausos de la gente con algún cariño que le fue vedado de niño. Sus compañeros de infancia hablan de un padre ausente y de una madre implacable, y quizá esto tenga relación. Como candidato, su confusión era: a más votos, más amor. Como presidente, es: a menos índice en las encuestas, menos querido soy. Esto es preocupante, la verdad. Porque uno es capaz de hacer estupideces por amor. Y eso, él ya lo ha demostrado en el pasado".

Considerando esas tres lecturas y haciendo acopio de las imágenes que el presidente ha patentado durante estos meses, se puede sugerir que el primer año del personaje García ha tenido, pues, un doble componente: variadas dosis de demagogia que aún mantienen contentos a algunos de sus votantes, y rezagos de vanidad que le han facilitado el trabajo a los guionistas de los programas de humor.

SUS FRASES
"Yo no necesito ni un guitarrista ni un avión presidencial para gobernar"
6 de agosto de 2006
(Duro nocaut al presidente saliente, Alejandro Toledo)

"Cualquiera que haya ido a la casa de Agustín Mantilla no es un apestado. ¡No! Yo no acepto esas majaderías"
11 de marzo de 2006
(Defensa apasionada del 'mantillista' Carlos arana)

"Las encuestas nunca me son favorables, pero yo siempre les gané"
2 de junio de 2007
(Rapto de falsa humildad ante las cifras de un sondeo)

"A todos los cuarentones les digo: ¡Yo soy cincuentón y trabajo más que ustedes!"
15 de julio del 2007
(Dardo telerdirigido a su blanco favorito: Hernán garrido lecca)