Análisis político: El otro país en el Congreso

Por  Juan Paredes Castro

Los recientes mensajes del presidente Alan García y del titular del Congreso, Luis Gonzales Posada, han establecido un novedoso punto de quiebre: la incorporación del otro país, representado ahora por las regiones, a las reglas del Estado único e indivisible y del Gobierno unitario.

No se trata únicamente de que las comisiones parlamentarias conozcan mejor las interioridades de las regiones in situ, sino que los jefes regionales concurran al Congreso tanto a exponer sus planes de desarrollo como a rendir cuentas de los mismos.

Lo que sorprende del proceso de descentralización y regionalización es que lejos de cerrar la brecha entre el país oficial (Lima) y el país real (el resto del territorio), subsiste la percepción de una división muy marcada entre el uno y el otro. Irónicamente esto se hace evidente por la transferencia misma de competencias y recursos, a tal punto que lo que le dice el Gobierno Central al gobierno regional, de manera vertical y ciertamente autoritaria, es que se valga por sus propios medios y no vuelva los ojos atrás.

La descentralización y la regionalización no suponen, como pudiera creerse, la construcción de un gran separatismo entre la costa, la sierra y la selva o el Gobierno Central y los gobiernos regionales. Es cierto que nuestra Constitución consagra que la República del Perú es democrática, social, independiente y soberana, pero también reconoce que el Estado es uno e indivisible. Igualmente reconoce que el Gobierno es representativo y descentralizado, pero también unitario.

Después de tantos años de continuo centralismo, las regiones todavía consideran que ha llegado la hora de vivir de espaldas a Lima (ya que Lima vivió de espaldas a ellas durante décadas). Empiezan a considerar, equivocadamente, que no deberían deberle nada a la capital y que mientras no hubiera dinero de por medio, que es lo que los liga con fuerza al Gobierno Central, preferirían marchar por su cuenta y riesgo. Ignoran precisamente que los gobiernos regionales, al igual que el Gobierno Central, son parte del Estado único e indivisible y del Gobierno unitario.

El llamado de García y de Gonzales Posada alude a un compromiso de ida y vuelta. De presidentes regionales concurriendo al Legislativo. Y de parlamentarios tomando nota viva y directa de las preocupaciones regionales. A esto tendríamos que llamar el otro país en el Congreso, como una utopía y un desafío entre quien tiene la sartén por el mango (el Gobierno Central) y aquel que inicia el aprendizaje de su vida política y económica autónoma, sin olvidar, por supuesto, que nuestro Estado es indivisible y nuestro gobierno unitario.

La departamentalización de las regiones ha fragmentado el proyecto y restringido la formación de grandes unidades socioeconómicas piloto, que es adonde tenemos que ir para diluir la existencia del otro país.