José Alonso, legendario actor mexicano de telenovelas, estuvo en Lima para el preestreno de "La Gran Sangre", película en que encarna al malvado narcotraficante "El Rocha"
Por Francisco Melgar
José Alonso Zepeda Palacios (México, 1947) es un personaje ineludible cuando se trata de la historia de la televisión y del cine mexicano de los últimos 40 años. Protagonista de "Los Cachorros", versión cinematográfica del relato de Mario Vargas Llosa y villano en incontables novelas, entre las que destacan "Colorina", "Senda de gloria" y "Monte Calvario", el actor pasó por Lima para asistir al preestreno de "La Gran Sangre", película de Jorge Carmona que lleva a la gran pantalla las aventuras del escuadrón justiciero integrado por "Mandril" (Pietro Sibille), "Dragón" (Carlos Alcántara) y "Tony Blades" (Aldo Miyashiro). En la película, Alonso interpreta al narcotraficante "El Rocha", un villano más en la carrera de un actor a menudo considerado el arquetipo del intérprete de villanos en la televisión mexicana. "Sí, supongo que los villanos se me dan", admite el actor, cuando le preguntamos por la fama que rodea su trayectoria.
"Creo que mi facilidad para interpretar villanos se la debo a los conflictos que tuve con mi padre. Yo me fui de mi casa a los quince años porque tuve un conflicto con mi padre porque él quería que yo fuera abogado y yo quería ser actor. Si no hubiera vivido esa lucha feroz, no habría tenido nada que dar en escena. El hecho de haberme salido con la mía, de haber sido lo que yo quería ser y no lo que él quería que yo fuera, me dio un matiz de triunfo y de poder que utilizo en los villanos. Arrogancia, vanidad, narcisismo. Todas esas cosas malas de los villanos que pueden ser bien dirigidas mediante la creatividad", confiesa el actor.
¿Cómo empezó su carrera actoral?
Mi instinto estaba orientado hacia actuar. Por eso entré al Instituto Nacional de Bellas Artes y me conecté con la crema y nata del teatro mexicano, como Salvador Novo, Alejandro Jodorowsky, Juan José Arreola y Carlos Alcira. De todos ellos, yo creo que Alejandro fue mi maestro más importante.
Aunque es conocido por su trabajo televisivo, su trayectoria empieza en el teatro. ¿No es cierto?
Yo era un muchacho que quería ser actor, no pensaba en cine, teatro o televisión, solo pensaba en actuar. Pero el destino me puso primero en un escenario de teatro, en la Sala Villarrutia, donde debuté con "Las alegres comadres de Windsor". Allí empecé mi carrera teatral, siguieron varias obras de teatro que tuvieron mucho éxito hasta que me llamaron de Televisa, para una novela "Amor sublime". Yo estaba estudiando teatro, todavía no terminaba la carrera, pero me hicieron una prueba, y la resolví a la primera. Se hizo la novela, empecé a ganar dinero.
¿Qué se necesita para actuar?
Yo me entregué a mi instinto de actor y me dejé llevar. Creo que uno debe tener el potencial para pararse en un escenario. Eso siempre lo he tenido. Hasta la fecha, por más miedos que haya pasado me sigo parando y me seguiré parando hasta el fin de mis días. Recuerdo una noche en que no me sentía confiado para salir al escenario y Alejandro Jodorowsky me dijo: 'Sé humano'. ¿Qué quería decir con eso? Que tenía que aceptarme como soy, a amarme como soy. Además, me lo dijo con tanto amor que me llenó de fortaleza.
¿Qué le debe a la actuación?
Mucha gente de mi generación, la de los años sesenta, experimentó con muchas cosas, probó sus límites, recuerda que era la época de los hippies y uno estaba rebelándose contra todo lo establecido. Pero esa experimentación llevó a muchos de mis contemporáneos a viajes de los que ya no pudieron regresar. Yo creo que la actuación, el hecho de tener que cumplir con un horario, con una presentación, fue como tener un cable a tierra.