Retos para el segundo año de gobierno
Por Alfredo Guzmán, consultor en salud pública
Ha pasado el primer año del Gobierno y en el campo de la salud no ha habido mayores avances, aunque, por suerte, tampoco retrocesos. Ello dentro de un contexto de estabilidad macroeconómica y, hasta cierto punto, social, salvo por los acontecimientos de las últimas semanas. Sucesos que nos indican la impaciencia de los sectores más vulnerables, que no ven mejoras en educación, salud y trabajo, y que se radicalizarán si no se logran avances en esos campos.
Después de una elección tan ajustada, estaban dadas las condiciones para que el Gobierno realice una verdadera reforma sanitaria, que terminara con una absurda fragmentación del sector, onerosa y poco eficiente; con la inequidad del sistema y con la injusticia social que representa que un cuarto de la población no tenga acceso a atención de salud, y que solo el 15% de la PEA esté cubierta por un seguro de salud, lo que ubica al Perú como el país con la cobertura más baja de Latinoamérica. Esta reforma incluía como punto fundamental el anhelado aseguramiento universal. El Acuerdo Nacional así lo señalaba, como también el acuerdo en materia de salud que los partidos políticos suscribieron antes de las elecciones.
Pero ha pasado un año y no hubo reforma ni aseguramiento universal. Se han dado acciones aisladas, que no se enmarcan dentro de una política clara y definida. Podemos mencionar la iniciativa de la estrategia Crecer y la elaboración del Plan Nacional Concertado de Salud. Creemos que no ha habido el liderazgo necesario dentro del sector que le permitiera ejercer su papel rector. Salud continúa bajo responsabilidad de cuatro ministerios: Salud, Trabajo, Interior y Defensa, al que se le podría agregar ahora al Mimdes por su participación en la lucha contra la desnutrición crónica infantil.
No se ha reestructurado todo el primer nivel de atención, ese que ofrecen los más de 5.000 puestos y centros de salud a lo largo del territorio, y que necesitan mayores recursos para equipamiento, infraestructura y personal. Es allí donde se resuelve el 70% de los problemas de salud de un país y no en los hospitales. Pero para ello se debe trabajar con una mentalidad preventiva y no curativa, como hasta el momento, con un fuerte componente de trabajo comunitario que les permita acercar el sistema de salud a la población rural, dispersa y más pobre.
Por último, no se ha avanzado en el aseguramiento universal. Continúa el sistema dual Essalud y SIS, cuando debería existir un único seguro público de salud para toda la población, con un plan de beneficios garantizado que cubra los problemas de salud más relevantes y que sea de carácter obligatorio, con posibilidad de atención en cualquier establecimiento de salud. Los quintiles más pobres no pagarán por ello, los otros sí. Y los que desean un plan más amplio pagarán más. Así al menos toda la población podrá acceder a la atención de salud. Eso es lo equitativo y justo, y no como sucede ahora, que solo quien tiene un seguro o tiene dinero puede gozar de salud, o terminar comprometiendo toda la economía del hogar cuando uno de sus miembros enferma.
Las propuestas existen, están en blanco y negro, con todos los detalles, realizadas por los mejores expertos del medio. El Gobierno no debe desaprovechar este segundo año. Es un asunto de decisión política que no puede postergarse más, por el bien del país.