Por Martín Paredes Oporto
Cuestión de énfasis (su título original es Where the stress falls) es una recopilación de artículos para diarios y revistas, ensayos, introducciones y prólogos a libros, notas para catálogos de exposiciones de pintura y fotografía, ensayos para programas de teatro, respuestas a encuestas periodísticas y conferencias escritos por Susan Sontag (1933-2004) entre 1981 y 2001.
El carácter misceláneo del libro de Sontag puede llevarnos a una dispersión de temas, si bien éstos están reunidos en tres secciones en las que está dividido el libro.
En la primera sección llamada "Lecturas" (quizá la más sustanciosa), Sontag propone diversas lecturas de autores como Tsvietáieva, Machado de Assis, Sebald, Walser, Gombrowicz, Rulfo, su adorado Borges. Además, hace un pormenorizado y agudo análisis de la novela de Glenway Wescott El halcón peregrino (1940) en el ensayo que da título al libro (Sontag no duda en llamar a esta novela como uno de "los tesoros de la literatura estadounidense del siglo XX").
Pero el ensayo más ambicioso es el dedicado a uno de los héroes intelectuales más admirados por Sontag: Roland Barthes.
En el texto titulado "La escritura en sí misma: acerca de Roland Barthes" Sontag no sólo hace patente su cercanía intelectual a Barthes sino también exalta algunos de los rasgos que le atribuye a él, pero que también fueron atribuidos en su momento a Sontag, como el de la "sofisticación intelectual": "Normalmente, sus frases son complejas, repletas de comas y propensas a los dos puntos, llenas de las implicaciones de ideas densamente expresadas, desplegadas como si fueran los materiales de una prosa ágil".
Si bien Sontag ya le había dedicado un admirable ensayo anterior al teórico francés en Bajo el signo de Saturno (1972), éste fue escrito como introducción a una antología de Barthes (editada por la propia Sontag) y puede leerse como una coda del anterior.
En algunos casos, la manera de abordar los autores -dado el carácter en que fueron escritos los textos- tiene la impronta de la síntesis sin ser ligeros. Es el caso del artículo sobre Pedro Páramo donde no se dice nada que ya no sepamos de Rulfo y su influencia. O el caso del texto sobre Walser, donde discurren frases tan trilladas como "uno de los más importantes escritores", "un escritor fundamental" o "un escritor maravilloso".
Más afortunadas son las páginas que le dedica a W.G.Sebald ("maestro contemporáneo de la literatura del lamento y la agitación mental") o Marina Tsvietáieva, en la que echa mano a su profunda cultura para reflexionar sobre la prosa de los poetas ("La prosa de un poeta es la autobiografía del ardor. Toda la obra de Tsvietáieva es una apología del rapto; y del genio, de la jerarquía: una poética de lo prometeico").
De la misma tesitura es el artículo sobre el Ferdydurke, de Gombrowicz ("una de las pocas novelas que conozco que puede llamarse nietzscheana; sin duda, es la única novela cómica que así puede ser descrita").
En la segunda sección del libro, "Miradas" -que reúne textos sobre cine, danza, pintura, fotografía, ópera- destaca "De la novela al cine: Berlin Alexanderplatz de Fassbinder", la adaptación para la televisión de la gran novela de Döblin, donde Sontag discute no sólo la pertinencia de las adaptaciones cinematográficas sino la necesidad de la duración de éstas, poniendo como ejemplo paralelo la mutilada Avaricia, de Von Stroheim.
Según Sontag, Fassbinder vengó a Stroheim al haber rodado virtualmente toda una novela. El otro texto destacable es el que originalmente acompañó el libro de fotografías de Annie Leibovitz, Women, titulado "Una fotografía no es una opinión, ¿o sí?".
Más personal, la última sección, "Allí y aquí", recoge textos circunstanciales, a ratos intimista, donde aparece la Sontag de las posiciones contundentes, de la intelectual comprometida con su situación y su labor como activista, y cómo no, como una moralista.
Reflexiones sobre la naturaleza del escritor ("Mis libros no son yo; por entero. Y en algunos aspectos yo soy menos que ellos. La «yo» que escribe es una transformación de la «yo» que vive"), la importancia personal de Europa, Sarajevo y su puesta de Esperando a Godot.
Pero el texto más controvertido es "Treinta años después.", en el que desmenuza el contexto en el que escribió Contra la interpretación (1966), el libro que la convirtió en la crítica avant-garde de las letras norteamericanas.
El texto es revelador porque marca la distancia de los dorados sixties de su rebeldía intelectual y su gusto por la "afirmación aforística" ("Yo era una esteta beligerante y una moralista apenas disimulada"), y su ubicación en un mundo completamente diferente, tres décadas más tarde. Susan Sontag, que recuerda entre irónica y nostálgica su combate contra el filisteísmo, la superficialidad, la indiferencia ética y estética y las contiendas políticas sobre Vietnam, termina afirmando, sombría: "El mundo en que escribí estos ensayos ya no existe".