RELACIONES. Cuando las diferencias sí importan
Adolescencia, etapa de conflictos, enfrentamiento con los padres y, claro, romance. ¿Pero ¿qué pasa cuando nuestro hijo o hija adolescente se involucra con una persona mayor? Ante todo, como dice el doctor Luis Matos, psiquiatra, uno debe preguntarse por qué surgió esta situación. "Los adolescentes buscan afecto, comprensión, sentirse apreciados y escuchados por una figura de autoridad. De otro lado, existen personas que, por una visión distorsionada de la realidad, problemas de autoestima u otros, se aprovechan malamente de esta situación y entienden este acercamiento del adolescente como uno de tipo sexual", explica.
A esto habría que sumarle, como dice la psicóloga Patricia Espinoza, de Innpares, un entorno familiar sin seguridad, confianza o afecto. "Se sienten abandonados moralmente porque pueden vivir en un ambiente en el que hay incongruencia entre lo que se dice y lo que se hace; o pueden sufrir de violencia emocional, física o sexual, en suma, vivir en un hogar mal constituido", indica.
¿QUÉ HACER?
Hacerle la guerra al enamorado o enamorada no servirá de nada porque, sépalo, estas personas suelen inflar la autoestima del adolescente, el cual ya no temerá enfrentarse a sus padres con tal de defender su amor e incluso puede amenazar con irse de la casa y vivir con su pareja.
"Los padres deben fijarse menos en los defectos de sus hijos y decirles lo que sienten, ya que la mejor forma de prevenir situaciones así es con cariño y afecto", indica Espinoza. También --recomienda el doctor Matos-- a veces, es mejor orientar al adolescente para que descubra la dimensión real de esa relación y evitar condenarla.
La ayuda profesional es útil porque --advierten los especialistas--, a los adolescentes les resultará más fácil expresar sus sentimientos y emociones respecto a esa relación ante una persona ajena a su entorno, en este caso, un terapeuta de familia.