Por Fernando Vivas
Las odiosas --no las injurio, simplemente escojo la segunda lectura de su apodo, ¡oh diosas!-- le preguntaron a su entrevistado Jaime Bayly si en la TV abundan más los ángeles o los demonios.
Él les dijo que era una buena pregunta, no creo que porque se lo pareciera, sino porque necesitaba unos segundos de aire antes de responder: "creo que habemos más demonios".
No le voy a discutir a Jaime su cálculo ni su inclusión en él. Creo que tiene razón, pero no por ese mito que sataniza al medio como un natural semillero de monstruos, sino porque la vigencia en él depende mucho de la consistencia de las máscaras que se pongan sus estrellitas que, por razones elementales de dramaturgia, son más vistosas cuando más demoníacas se pinten. E impactan más cuando proyectan sus vicios de ficción fuera de los sets. Por eso, los que escogen parecer angelitos tienen que inhibirse de juergas y agarres, los que escogen ser diablillos tienen que resignarse a los ampayes.
Pero hablamos solo de apariencias, pues detrás de las máscaras puede haber un espíritu opuesto a ellas. Bayly se ha puesto máscara de diablillo y entrevista con ella puesta. Que visitara las odiosas con un terno igual de sombrío que el que lleva al set de "El francotirador" y al que llevó cuando salió a barrer una acera del Olivar de San Isidro con Christian Meier, da una idea de cuánto quiere esconder bajo el disfraz. Lo mismo se puede decir de Magaly cuando se enmascara de bruja o de Gisela cuando lo hace de ángel. Como para seguirlo pensando.
GRIPE LATINA
Nadie creyó que el frente periodístico de Frecuencia Latina cogiera un solo virus que el lunes impidió salir a "La ventana indiscreta" y aparecer a Eduardo Guzmán y Valia Barak. Me contaron que Baruch Ivcher, de vuelta de un largo viaje, planteó correctivos editoriales que conjuraran la guerra mediática, con inquina y errores, desatada entre LVI y La República. Ojalá que se resuelva esta crisis del 2 de modo tal que LVI mantenga su independencia haciendo acopio de rigor y serenidad.