FILOSOFEMAS

La belleza del agua

Hay chorros que no se elevan verticalmente sino que hacen una curva elegante que recuerda algo así como la cola de un ave del paraíso

Por Francisco Miró Quesada Cantuarias. Filósofo

La belleza que ha logrado crear el alcalde de Lima, Luis Castañeda Lossio, en el Parque de la Reserva, es tan extraordinaria, que se ha inscrito en el libro Guinness, donde se registran todos los récords mundiales. Este libro es de una seriedad mundialmente reconocida, porque no es un libro que incluya cualquier cosa, por más que le paguen.

El chorro de agua que sale desde la fuente central del parque, comienza a elevarse, uno, dos, tres, cuatro, cinco, metros. Pero, luego baja, a dos o tres metros. Vuelve a subir, esta vez un poco más; nueve metros, diez metros; sin embargo, vuelve a bajar. Los espectadores se angustian. Cada vez se eleva más y más, pero vuelve bajar. Parece que nunca podrá llegar a los cincuenta metros anunciados por el burgomaestre. Y cuando ya casi se ha perdido la esperanza, llega a los cincuenta metros de altura, a la que jamás ha llegado el chorro de una fuente, en ninguna parte del mundo.

Un grito de asombro, entusiasmo y admiración se eleva entre los espectadores. La columna de agua, no tan estrecha, es más ancha de lo que esperaba. Pero no tanto como para ser inelegante. Es algo parecido a un géiser, solo que la columna de agua que surge de este, es caliente y no alcanza la altura a la que llega la del Parque de la Reserva. Pero hay más sorpresas. Cerca de la fuente principal hay otras de menor tamaño, de las que surgen chorros que no se elevan verticalmente sino que hacen una curva elegante que recuerda algo así como la cola de un ave del paraíso. Y varias, aunque no todas, son de colores diferentes. Algunos colores cambian, en la misma fuente. El público hace un recorrido por el parque, y se admira de que el increíble fenómeno se dé en nuestro país.

¿Cuándo en la antigüedad se comienza a admirar la belleza del agua? No se sabe. En algunos relatos de "La Ilíada" y de "La Odisea" parece que comienza a admirarse la belleza de las aguas marinas. En la primera se encuentran frases como: "Y la diosa de los ojos glaucos refiriéndose a Athena (Minerva en la mitología latina) se alejó, rauda, sobre el mar violeta". ¿Pero se trata de una expresión admirativa? Aunque no he podido confirmarla, tengo la impresión de que los primeros en admirar y gozar con la belleza fueron los árabes, cuando estaban en la cumbre de su refinada cultura. En "Las mil y una noches", en la época del emir de los creyentes Harún al Raschid, que vivió entre los años 700-800 d.C., se describen fuentes bellísimas, y conductos por los que corría el agua, haciendo pequeños murmullos. Pero quien proporciona mayores datos sobre este punto es el califato de la dinastía Nazarí, que gobernó durante los siglos XIII y XIV, en el sur de España. La máxima admiración por la belleza del agua se manifestó en la Alhambra, en la que una serie de palacios tenían fuentes de donde surgía el agua y pequeñas acequias, cuyo murmullo deleitaba a los califas y a sus invitados.

No estoy seguro de quiénes fueron los primeros en deleitarse con la belleza del agua. Pero lo cierto es que a los limeños los deleita al máximo, lo mismo que a todos los provincianos que viven en Lima.