Lamentamos la destemplada, desproporcionada e inexplicable reacción del Gobierno Chileno y de connotados líderes de ese país ante la publicación, por parte del Perú, de la cartografía marítima que fija nuestra posición oficial en torno a la controversia sobre los límites marítimos.
El gobierno sureño no solo ha llamado en consulta a su embajador en Lima, sino que su canciller, Alejandro Foxley, ha llegado a decir que la Armada chilena seguirá patrullando la zona en conflicto.
Todo ello no hace más que introducir elementos de confusión, tensión y distanciamiento en un tema que, por el contrario, demanda prudencia, calma y diálogo, como lo han hecho el presidente Alan García y el ministro de Defensa Allan Wagner. El primero ha declarado que no hay que dar paso a enemistades ni falsos patrioterismos --y así debe ser-- en tanto que el segundo ha descartado que haya habido patrullajes inusuales o "desplazamientos de tropas o buques" en aguas chilenas y peruanas.
CONFORME A LA LEY DE BASES
Del lado peruano hay que reiterar que los documentos que forman la cartografía son complementarios de la Ley de Líneas de Base del Dominio Marítimo que el Gobierno Peruano publicó el 2005. Luego, es también público que, en conversaciones con autoridades y voceros chilenos, se les informó que dicha cartografía estaba en proceso de elaboración, por lo que su publicación no tenía por qué sorprender a nadie, menos a los chilenos.
También se les hizo saber previamente que estábamos decididos a elevar la controversia a la Corte Internacional de La Haya y que nuestro ánimo era seguir tratando el tema por la vía diplomática y "por cuerda separada", precisamente para no entorpecer las normales relaciones con nuestro vecino sureño, que han mejorado notablemente en los últimos años en todo sentido.
Chile, y especialmente su Marina, deberá dejar de lado la obstinada posición de que no hay asuntos pendientes . Como lo señalamos en nuestro editorial del pasado 15 de abril "se abre para ambos (países) un futuro promisorio dentro de la economía mundial. Y cuanto más unidos estemos mejor nos irá. ¿Podemos enfrentarlo con este lastre que perturba nuestras relaciones?".
Por lo mismo, apuntábamos, "Nuestra cancillería, junto con la chilena, no pueden dejar de abordar estos asuntos pendientes para solucionarlos civilizadamente dentro de plazos preestablecidos" y tomando como referencia ineludible lo que establece el Tratado de 1929 y su Protocolo Complementario, cuyas estipulaciones Chile no puede dejar de respetar.
Al Perú, en tanto, le corresponde proceder a formalizar la adhesión del Perú a la Convención del Mar, marco legal que regula el derecho del mar en el mundo de hoy y que permitiría, entre otras ventajas, una sustentación más sólida de la posición peruana con respecto de la línea marítima equidistante.
LLAMADO A LA PRUDENCIA Y LA CALMA
El llamado es a la prudencia y la calma, sin falsos nacionalismos. Y la cartografía marítima y el recurso a La Haya son pasos planificados para resolver definitivamente un asunto que perturba las relaciones bilaterales. No hay pues, razones objetivas para la desmesurada reacción chilena, salvo el interés de los mismos sectores radicales de siempre que buscan exacerbar el ánimo ultranacionalista y la confrontación y hacerle el juego a los traficantes de armas. Todo ello sin pensar en el gravísimo daño que se hace a peruanos y chilenos llamados a una convivencia pacífica.