La prioridad no es la interpelación de Alva Castro, sino un nuevo sistema de compras del Estado
Por Juan Paredes Castro
Ayer nos ocupamos de la ansiedad política por los cambios ministeriales. Ahora nos trae aquí la ansiedad por las interpelaciones ministeriales. Cambios e interpelaciones son parte de la vida de un gobierno y de un Congreso. Pero no cuando los cruza el ribete del circo.
Es verdad que el ministro del Interior, Luis Alva Castro, tiene que responder por la adquisición de 698 patrulleros de fabricación china y otra de equipos antimotines de procedencia estadounidense. Se trata de compras que para el ministro representan, en el primer caso, un ahorro importante, y, en el segundo, la cobertura de una situación de grave desabastecimiento. La oposición encuentra en ambas, sin embargo, más de un grueso cuestionamiento, desde aspectos de calidad hasta detalles de sobrevaluación, respectivamente.
Con pleno respeto por las prerrogativas del Congreso a fiscalizar e investigar este tipo de decisiones sectoriales que comprometen el gasto fiscal, llama poderosamente la atención que ya se estén apresurando los pasos a una interpelación de Alva Castro, justo en momentos en que ningún parlamentario ha movido decididamente un dedo por el estudio y el análisis del proyecto de ley sobre el nuevo sistema de compras del Estado, es decir la raíz del problema.
No nos extrañaría que el ministro Alva Castro termine siendo interpelado como lo fue su antecesora, Pilar Mazzetti, sin descartar que cualquier eventual sucesor suyo pase por lo mismo en el futuro, y no haya cambiado para nada lo que hay que cambiar: el sistema propiamente dicho de compras del Estado, que dispone de una superestructura pesada y engorrosa, comparada con la mínima y eficiente de Chile, por ejemplo.
No deseamos quitarle al Congreso su entusiasmo investigativo ni su afán fiscalizador. Si desean llegar hasta las últimas consecuencias en los temas de los patrulleros y de los equipos antimotines, ¡en buena hora! Solo que no debe tener ojos para esto y una ceguera total ante el proyecto de ley sobre el nuevo sistema de compras del Estado, que apenas ha sido visto muy por encima.
Al margen de adónde puede llevar una interpelación a Alva Castro, lo cierto es que en él, en el propio gobierno y en particular en el presidente Alan García tiene que haber dos voluntades políticas muy firmes: la de no demorar más tiempo la construcción de un sistema transparente y eficiente de compras del Estado y la de declarar en reorganización inmediata algunas estructuras corruptas de la Policía Nacional.
Alguna vez pongamos correctamente los caballos delante de la carreta.