Cada país debe encontrar la manera de armonizar estabilidad con crecimiento
Por Virgilio Levaggi. Analista
Es ingenuo creer que exista solo una manera de conseguir crecimiento económico y progreso social. Los fundamentalismos como el pensamiento único o el partido único, atendiendo a los hechos y a la evolución de las ideas, debieran desaparecer.
Cada país debe encontrar los mecanismos más adecuados para conseguir el mejor funcionamiento posible de su economía, armonizando estabilidad con crecimiento, así como la mayor cohesión social, articulando inclusión y participación. Para ello sirven el diálogo y la concertación.
Según lo define la OIT, el diálogo social comprende todo tipo de negociaciones y consultas --e incluso el mero intercambio de información-- entre representantes de gobiernos, empleadores y trabajadores sobre temas de interés común relativos a las políticas económicas y sociales. En el pacto social el Estado o las autoridades públicas --nacionales, regionales o locales-- participan como actores junto con las organizaciones de empleadores y de trabajadores y, a veces, participan otros actores. Este pacto, por lo general, se centra en torno a políticas macroeconómicas y sociales y suele representar un consenso entre los participantes respecto de la orientación de las principales estrategias socioeconómicas.
Como lo señalara un presidente del Consejo Económico y Social de los Países Bajos: "Elemento imprescindible para la coordinación de la política socioeconómica es una comunicación fluida entre los más importantes agentes sociales, como empresarios, sindicatos y administración pública, estando --al actuar-- dispuestos a tomar en cuenta los intereses ajenos".
La década pasada, pactos sociales permitieron a algunos países responder a desafíos socioeconómicos importantes a través de la conciliación de intereses diferentes: en la Unión Europea para preparar la introducción del euro; en Europa central y oriental para transitar de la planificación central a las economías de mercado y, en Asia, para hacer frente a crisis financieras y programas de ajuste estructural.
Los primeros pactos sociales en Latinoamérica son el Obrero-Industrial de México (1945) o el conocido como Triángulo de Escuintla en Guatemala (1947). La Concertación Nacional Programática facilitó la restauración democrática, de mediados de los años 80, en Uruguay y en Chile, a comienzos de los años 90, una serie de pactos sirvieron para dar estabilidad a la transición democrática y para mejorar la competitividad de la economía a partir del reconocimiento de la importancia de un desarrollo democrático e igualitario. La modernización mexicana en los años 90 también utilizó este tipo de mecanismos para avanzar.
Las instituciones de diálogo social contribuyen a la legitimación y el fortalecimiento de la democracia, fomentando el diálogo institucionalizado y la concertación social para la construcción de consensos que faciliten un proceso de desarrollo con inclusión y justicia social, a partir de la promoción del trabajo decente para todos.
El diálogo social (bipartito, tripartito o plus) es una herramienta, propia de la democracia, que facilita un mejor diseño y ejecución de políticas públicas así como la promoción de iniciativas privadas orientadas a armonizar demandas económicas con necesidades de cohesión social.
Condición para establecer una efectiva sinergia público-privada es la institucionalización del diálogo social para identificar, a escala local y nacional, los esfuerzos en los que se pueden hacer converger voluntades y recursos para acelerar el proceso de crecimiento económico y dinamizar el progreso social.
Para no superponer esfuerzos ni caer en la mera retórica resulta necesaria una eficiente articulación entre el Acuerdo Nacional (que debe fomentar el desarrollo institucional democrático), el propuesto Pacto Social (orientado a alentar el crecimiento económico con trabajo para promover así la inclusión social) y el Consejo Nacional de Trabajo y Promoción del Empleo, más atento a las condiciones laborales.
Los ciudadanos esperan de sus autoridades y de sus dirigentes resultados concretos que impacten positivamente en su vida.