PELIGRO: HAY UN ESCRITOR EN PALACIO.

La pluma y el poder

Edmundo Paz Soldán. Palacio Quemado.
Alfaguara La Paz, 2007 S/. 54

Edmundo Paz Soldán acaba de publicar Palacio Quemado, una novela que ficcionaliza episodios cruciales de la historia boliviana reciente: el final violento del régimen neoliberal de Gonzalo Sánchez de Losada y la subida al poder de Evo Morales.

El texto puede leerse como un estudio documentado y penetrante -más literario y especulativo que periodístico o histórico-, de un momento político de gran trascendencia para el continente; no obstante, la crónica de acontecimientos colectivos también sirve de marco para la narración del destino individual de un interesante protagonista. Palacio Quemado es el retrato sutil de Óscar, un personaje cautivante y complejo por su ambigüedad moral: escritor de discursos políticos sin convicciones propias que vive a la sombra del poder, miembro culposo de una clase media acomodada que goza tortuosamente de unos privilegios frente a la pobreza de la mayoría, Óscar oscila entre el cinismo narcisista de alquilar su pluma al mejor postor y la toma de conciencia honesta del sentido de la responsabilidad social.

Por otro lado, la historia de su familia, teñida por un secreto cruel y vergonzante, es una de las arterias centrales de la trama, así como lo es la reflexión sobre el valor de la palabra en el juego político y sobre su rol como puente de comunicación entre los gobernantes y las masas.

La pregunta por la labor del intelectual en la sociedad ha desatado ríos de tinta en la literatura latinoamericana; Palacio Quemado revisa y actualiza este tópico para postular una brecha radical entre el lenguaje y la realidad, entre la producción textual de los letrados y la vida agitada de los pueblos, que sigue sus propias leyes callejeras e ingobernables.

Óscar se presenta, en un primer momento, como un letrado oportunista convencido de la eficacia de las palabras para llegar al poder y administrarlo. Desde su juventud, se dedicó a poner su talento verbal al servicio de todo aquel que aspirase a un cargo público de mayor o menor envergadura, desde líderes universitarios hasta el mismo presidente de la república.

Sin embargo, su habilidad retórica no está respaldada por una posición política definida o por una visión del país. Para él, las palabras no son el vehículo de una ideología, sino el modo de ejercer una fuerza hipnótica sobre un auditorio con la finalidad implícita de preservar la estructura de una sociedad desigual.

La existencia gris del escribidor, oscuramente fascinado por el Palacio Quemado, alcanza su punto más dramático cuando consigue el mejor trabajo de su vida: es empleado por el gobierno altamente impopular de Canedo de la Tapia, alter ego o gemelo imaginario de Sánchez de Losada.

La misión de Óscar es harta difícil: debe ayudar a Canedo a permanecer en el Palacio Quemado en contra de la corriente, a pesar de que las grandes mayorías indígenas repudian sus medidas privatizadoras.

El interés de Óscar no pasa por la verdad, sino por la persuasión; el bienestar de la gente no está entre sus preocupaciones. Pero a medida que el gobierno va cayendo en desgracia y se va desatando la violencia en las calles, constata la inutilidad del lenguaje para ordenar la vida nacional.

Este descubrimiento parece llevarlo a cuestionar su relación con las palabras y su propio rol como escritor. De alguna manera, el estudio de la faceta pública del intelectual y su posición moral frente a la sociedad sigue una lógica idéntica a la lógica familiar.

Como vimos, Óscar se transforma en un personaje habitado por el problema de la retórica, pero además, en un hermano acosado por el recuerdo de una antigua tragedia familiar: el suicidio -nunca explicado- de su hermano Felipe, acontecido treinta años atrás en el mismo Palacio Quemado, cuando su padre era ministro de Bánzer.

El Palacio Quemado es el edificio y el símbolo donde todas estas historias convergen. En palabras de Oscar, "el Palacio respiraba historia pero a la vez era simplemente, para el niño que fui yo, el edificio donde papá trabaja y luego el lugar donde murió mi hermano".

Pero es, también, el escenario de una novela espléndida que, sin abandonar el territorio de la ficción, yendo y viniendo entre lo individual y lo colectivo, ofrece un abanico de historias paralelas, narradas con estilo y pulso diversos.

En prosa Jorge Edwards Persona non grata Alfaguara Santiago, 2006 S/. 54 Un verdadero clásico en el arte de conjugar las artes de la crónica, el testimonio y la narración. Con la primera edición de este libro (1973), el chileno Edwards logró algo de lo que no todos pueden jactarse: ser censurado, al mismo tiempo, por la izquierda y la derecha.

Sin duda, Persona non grata marca un importantísimo punto de quiebre en el fervor que muchos intelectuales sentían en ese momento por la Revolución Cubana, de allí que suscitara polémicas tan encendidas. En el volumen se incluye un epílogo inédito, en el que hay más de una sabrosa ocurrencia. Teun Van Dijk (Coord.) Racismo y discurso en América Latina Gedisa Editorial Barcelona, 2007 S/. 70.

El racismo no solo se manifiesta en actos concretos y cotidianos, como la consabida reserva del "derecho de admisión" que algunos lugares aplican, a veces impunemente; también se da en el discurso de las élites, que desnudan así su intolerancia y, más aún, su incapacidad de comprender al otro.

Diversos especialistas analizan el racismo en el discurso en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Guatemala, México, Perú y Venezuela, todo esto precedido por una introducción de Van Dijk (Holanda, 1943), uno de los más importantes teóricos contemporáneos de la textualidad y la ciencia del discurso.