AL DÍA

De todos 2

Por David Rivera del Águila. Economísta, Editor

Recibí comentarios a favor y en contra sobre mi columna del lunes pasado, en la que señalaba que lo sucedido en Ica es en parte responsabilidad de todos, y en la que consideraba entendible la primera reacción del Gobierno frente al sismo. Las críticas eran acordes con las que debe haber escuchado la última semana: desde la frase de García en la que afirmaba que felizmente no había una catástrofe, pasando por la falta de un sistema de comunicación en el Gobierno y la demora con que la ayuda llega a la zona del desastre, hasta la posterior desorganización para la entrega del apoyo estatal y de las donaciones.

Algunos de los puntos que comenté con quienes conversé sobre el tema fueron los siguientes: Que es innegable que este gobierno tiene su responsabilidad en todo este caos, pero pensar que la cosa pudo haber sido muy distinta es solo una ilusión. Más aun, la posibilidad de que así fuese era un tema que iba más allá de las responsabilidades y alcances del Gobierno Central.

En este sentido, algo que llamó la atención fue que entre los críticos se encontrasen aquellos que durante más de una década han propugnado la reducción irracional del Estado. Era paradójico que fuesen ellos mismos los críticos de la inoperancia estatal. Lamentablemente, la reforma del Estado en el Perú es una discusión que estuvo centrada demasiado tiempo en la reducción de la planilla, en mirar si el gasto corriente subía o bajaba, sin ningún tipo de consideración sobre la ausencia del Estado fuera de Lima. Es recién en el último año cuando con algo más de seriedad se ha comenzado a hablar de este tema, aunque sin avances que aplaudir.

Y efectivamente, el poco Estado que tenemos dentro y fuera de Lima es, encima, inoperante e ineficiente. Y para mayores complicaciones, cada cinco años se lo encargamos a administraciones cuyas nociones sobre qué hacer con el país son escasas. Es como encargarle una organización en crisis (aunque con un buen contexto y con trabajadores con un espíritu renovado) a un equipo gerencial que no tienen idea de lo que hay que hacer y al que de pronto se le viene la noche.

¿Esto exime de responsabilidades a este Gobierno? Por supuesto que no, pues justamente está en sus manos cambiar esta realidad. Y hoy no se puede concluir si lo hará bien o mal, pues esa es una tarea cuyos resultados se medirán en el mediano plazo. En el camino, sí debería tratar de ser lo más eficiente y eficaz posible en las condiciones que un Estado como el peruano lo permite, para lo cual debería contar con personas capaces al frente de las principales entidades públicas, requisito que no se cumple.

Mientras tanto, sería conveniente delimitar bien las responsabilidades, no solo para señalar a quienes corresponda, sino sobre todo para enfocar correctamente las soluciones. El mejor ejemplo de la falta de Estado en todos sus ámbitos es que los alcaldes, los responsables de defensa civil en sus localidades y los llamados a organizar sus circunscripciones y establecer las coordinaciones con el Gobierno Central, tampoco aparecieron ni dieron muestras de tener idea sobre qué hacer ante esta dramática situación.

Ojalá que lo sucedido en Ica nos lleve a reflexionar a todos, pero principalmente al Gobierno, sobre los temas realmente importantes detrás de la necesidad de reformar el Estado.