Por Antonio Muñoz Monge
Dentro de las 350 danzas puneñas registradas en la década de 1960 - 1970 por el Instituto Americano de Arte dirigido por historiador Enrique Cuentas Ormachea, la original Danza de los diablos conocida ahora como La diablada, de origen y presencia aymara, viene a ser la más representativa dentro del folclore dancístico del altiplano. Se la baila casi en exclusividad en una fecha ya legendaria, dos de febrero, en la festividad en honor a la Virgen La Candelaria, patrona religiosa de la ciudad y departamento de Puno. Celebración que responde al entendimiento del calendario andino correspondiente al ciclo agrícola ganadero. De esta manera la Virgen Candelaria o Mamita Kanticha está vinculada a la siembra y cosecha, Ella y el espíritu solidario del pueblo interceden ante las fuerzas de la naturaleza, entendiéndose así esta fecha como una celebración agrícola propiciatoria .
Otro de los nombres de esta danza es el de Sicuris. "Los diablos a veces son tan numerosos que llegan a varias decenas, entonces por esta razón, a los sicuris se les llama diablada" (Diablada Puneña de Moisés Aguilar Villanueva); también se le conoce como danza del Anchancho, espíritu dual, maligno y a la vez protector y dueño de las minas, a quien se le rendía culto con sacrificios de animales, con danzas al son de zampoñas, y con máscaras de cerámica adornadas con cuernos de venado.
LOS SIETE PECADOS
Las máscaras de La diablada son patéticamente impresionantes, de "belleza monstruosa" si cabe el término. Recargadas con gran número de adornos donde se pueden ver siete caretas que representan a los siete pecados capitales y que en la danza están simbolizados por las Chinas diablas. "Cuando el danzante baila, la tradición se actualiza e interpela al mundo contemporáneo. Son códigos, recibidos de los maestros por trasmisión corporal, que el danzante retiene y hace propios. La historia misma se crea y recrea en el cuerpo codificado del danzante. La máscara es el rostro de un personaje, pero el enmascaramiento involucra todo el cuerpo de quien la porta. Habitar una máscara es precisamente ponerse en función de ella, recibirla y transformarse", dice Miguel Rubio Zapata.
LA CONFECCIÓN
Originalmente se las confeccionaba de "pachacha", yeso en aymara. "Si el yeso era pasado mejor", dicen los entendidos, o también con una pasta lograda de la mazamorra de la harina de trigo, o de "papier maché", una mezcla de papel periódico y cola disuelta. Además para los moldes y casquetes se utilizan alambres, cueros y el socorrido cotense, esos costalillos de yute. En la actualidad se las fabrica de lata, cartón y plástico.
Los más célebres mascareros puneños, como Manuel Edgar Cortez, Edwin Loza Huarachi, Edmundo Torres Guillén, coinciden en que el ritmo de la confección y hechura está inspirado en la música de los sikus o zampoñas. "La alegría que suscitan sus notas envuelve el alma con fuerza incontenible, tanto, que la multitud que los sigue se pone a bailar al compás de sus notas, inconscientemente. Y en el recuerdo de la memoria no se nos olvida jamás esa melodía", comentan estos artesanos del gesto, la mueca, la alegría y el dolor.
"Las caretas llevan ojos luciferinos de forma esférica que emergen de las cuencas de las órbitas, a manera de ojos de ofidio, con taladrante belleza demoníaca (...) la nariz y la boca están horriblemente deformados, sobre el rostro llevan reptiles, lagartos, culebras, sapos (...) el colorido de las máscaras es muy llamativo y el artífice de las máscaras pareciera querer representar el vicio y el pecado", escribió, no sin razón, Enrique Cuentas Ormachea.
DIABLOS DANZANTES DE PUNO
Exhibición de Máscaras en el Centro Cultural Inca Garcilaso del Ministerio de Relaciones Exteriores. La exposición curada por Miguel Rubio Zapata estará abierta al público del 30 de agosto al 30 de setiembre (Jirón Ucayali 391). Las máscaras pertenecen a las colecciones de los señores Arturo Jiménez Borja, Guillermo Ugarte Chamorro, Miguel Rubio, al Museo Nacional de Cultura Peruana, Museo de Artes y Tradiciones Populares del Instituto Riva Agüero de la PUCP y a la Asociación Cultural Brisas del Titicaca.