Por Jorge Eslava
Su nombre completo es difícil pronunciarlo, pero conversar con él resulta sencillo y entretenido. Además de aleccionante, pues se ha convertido en los últimos años -en virtud a talento y reflexión- en el abanderado de los artistas plásticos argentinos de libros infantiles. Es autor de La otra lectura (2005), merecedor del Premio "Destacado de ALIJA". Estuvo invitado a la reciente Feria del Libro, donde impartió talleres de ilustración y participó en un conversatorio con el pintor Felipe Morey. Al final de esa noche, comentamos con él la minuciosidad de su trabajo, en el que más que pintar recorta y pega delicadísimas cartulinas de colores. "Mi buen pulso se debe al deporte", me dijo. Lo anecdótico es que al día siguiente, que teníamos pactado un ceviche al mediodía, nos citamos antes en un gimnasio para cumplir con nuestra rutina de pesas.
En tu formación autodidacta, ¿cuál es el proceso que has seguido antes de llegar a la ilustración para niños?
Siempre me gustó dibujar, escribir y diseñar. En la adolescencia empecé a hacer historietas y humor gráfico y a los dieciséis años gané un premio en un concurso organizado por un diario de mi provincia (Santa Fe). Eso me permitió publicar en algunos diarios y en la mítica revista Hortensia, y participar de algunas exposiciones donde pude vincularme con gente del ambiente del humor gráfico, entre ellos Quino y Fontanarrosa. Ellos se asombraron de la ausencia de estereotipos de mis dibujos y dijeron que los veían ideales para ilustrar libros infantiles.
Argentina tienen una tradición de editoriales progresistas como Quirquincho, Colihue o De la Flor. ¿Cómo fueron tus primeras experiencias con las editoriales de tu país?
Estábamos en 1986, apenas tres años después del retorno de la democracia. vivíamos un momento de exultante entusiasmo, cuando viajé a Buenos Aires a presentarme a estas editoriales. De la Flor centró su fondo editorial en el humor gráfico, pero sobre todo Quirquincho y Colihue estaban apenas fundadas y renovando el panorama de la literatura infantil, difundiendo los nuevos nombres de escritores e ilustradores. Fueron Graciela Montes y la dupla Laura Devetach / Gustavo Roldán, escritores reconocidos y directores de Quirquincho y Colihue, quienes me dieron las primeras oportunidades.
A través de movidas que has propiciado -declaraciones, foros, discusiones-, ¿qué consideraciones han logrado los ilustradores argentinos de parte de los editores?
Entonces la movida de la ilustración de libros para niños ya era interesante, pero no demasiada reconocida. La relación con los editores era estupenda, pero la literatura infantil se centraba sólo en el texto. No había reflexión más que sobre lo escrito, no se daba la debida importancia a la imagen. Los ilustradores sufríamos, pues nuestro quehacer era muy responsable y sentíamos el libro como un objeto integral, vinculante de varios discursos.
En ese contexto es que empezamos a reunirnos, estudiar y escribir sobre el tema. y terminamos fundando el Foro de Ilustradores. A lo largo de los años hemos conseguido derechos de autor para los ilustradores, figurar en tapa, conservar los originales y despertar una corriente de pensamiento alrededor de la imagen. Bajo el principio de "la gota que horada la piedra", hemos ampliado la conciencia de los editores.
Cuando recibes un texto para ilustrar, ¿de qué modo evalúas sus posibilidades gráficas? ¿Enfrentas el texto de un modo integral, procurando tener un proyecto que abarque tanto la ilustración como el diseño?
Absolutamente. Me gusta implicarme en el libro como un todo. Sea texto de otro autor o propio. Pienso el libro como un ser articulado, en donde no pueda leerse un discurso sin leerse el otro. En ese camino se compromete al ilustrador a hacer un proyecto gráfico que explore las posibilidades de la comunicación texto / imagen / lectura. El proyecto gráfico difiere del diseño gráfico, pues bajo este proyecto es quizás donde el diseñador -otro actor central del libro- instala su voz.
¿Prefieres trabajar de una manera aislada? Es decir, evitando coordinar con el autor del texto e impidiendo que el editor reserve los espacios para la ilustración?.
No me cierro a ninguna experiencia. He hecho trabajos en conjunto con editores y escritores que fueron muy ricos, incluso exitosos y otros en que decidí hacer "rancho aparte". Estos casos se dan, por ejemplo, cuando percibo que la mirada del escritor sobre su texto es más recortada de lo que él cree y recién ante el producto terminado cae en la cuenta de las múltiples posibilidades que ofrecía su propia escritura.
He visto que tu trabajo es fundamentalmente artesanal, dibujando y recortando cartulinas de color. ¿Cuál es el uso que le das a la computadora?
Casi nulo. Sólo para escanear y tener un registro digital propio antes de entregar. Y para escribir, por supuesto.
Cuando eres el autor del texto y de la imagen, ¿cómo es el proceso de tu trabajo?
Muchos de mis libros son de autoría integral, me gusta pensar todo al mismo tiempo y descubrir cómo la palabra brinda espacio a la ilustración y viceversa. Cómo todo se funde y revaloriza en el proyecto gráfico. Cómo uno se ve obligado a reescribir porque redibujó o rediseñó. O al revés. Estos entrecruzamientos de lenguajes me fascinan. Generalmente el inicio es una idea de proyecto gráfico, en donde algo va a suceder de una página a otra, de la palabra a la imagen y que obligará al lector a replantear su posición.
En analogía a la búsqueda que hace el escritor de le mot juste, ¿cómo vas detrás del trazo, del tono, del color, del material precisos que reclama un texto?
Siempre digo que el libro habla y pide lo propio, es cuestión de escucharlo. Generalmente voy primero a la técnica de trabajo que más disfruto y por la que soy más conocido, aquella que has citado del recorte de papel... pero algunas veces el libro reclama otra cosa, entonces investigo cómo responder a ese llamado. Si en mi libro El ratón más famoso (2003), yo hubiera hecho los originales de manera que se vean bidimensionales, se hubiera perdido la intención del libro que es implicar al lector en el meollo del asunto. El ratón tiene un libro entre manos que es el mismo libro que el lector tiene, eso pone en jaque al lector respecto de dónde quedó la realidad y dónde la ficción. La forma técnica de responder a ese desafío fue fotografiar un juguete articulado que sostiene y desarma el mismo libro que sostiene el lector.
¿Cómo concibes la carátula de un libro?
La carátula tiene que ser síntesis y trampa de lo que hay adentro. Anunciar pero no anticipar, seducir pero no desnudar lo que hay adentro. Si puedo la dejo para el final (a veces es imposible por los catálogos de promoción), si no trato que caiga sola en algún momento. Uno es parte del libro cuando está bien avanzado y este conocimiento íntimo hace que en un momento, sin forzar, se me ilumine la carátula.
¿Has confeccionado libros álbum? ¿Qué diferencia existe con el llamado libro objeto?
Es el tipo de libros que más gozo hacer y del que venimos hablando. El concepto de libro álbum se basa en la relación como unidad de texto / ilustración / diseño / edición. No puede leerse la palabra sin las ilustraciones, tampoco las ilustraciones sin el texto. Nada tiene sentido fuera del libro. La primera colección argentina de este tipo de libros me tiene como director y fundador, se trata de "Libros Álbum del Eclipse", en Ediciones del Eclipse.
La diferencia fundamental con el libro objeto es que en éste cambia también el soporte, agregándose un nuevo elemento que es el diseño industrial del objeto. De todas maneras quisiera evitar cualquier típica perversión escolar de encasillamiento... hay zonas de cruces riquísima entre álbumes y objetos, entre álbumes y libros ilustrados, entre objetos y libros ilustrados.
¿Qué te parecieron las experiencias en Lima gracias a los talleres y otras actividades que realizaste?
Me ha resultado enriquecedor conocer Lima y la realidad editorial peruana. Me sentí maravillosamente atendido por la gente de la Cámara Peruana del Libro, que tuvo la gentileza de invitarme. Noté interés y pasión de parte de los ilustradores en enterarse de la situación de los colegas que vivimos en Argentina, pero sobre todo me voy con una sensación de crecimiento al ahondar un poquito en la relación íntima e histórica que Perú tiene con la narración oral.