Por Alonso Núñez del Prado S.
Al observar las sociedades contemporáneas, los comunitaristas comprueban la erradicación de las identidades colectivas, el aumento de los egoísmos, la disolución del lazo social y la generalización del sin sentido, resultado de la atomización social, que legitima que cada individuo busque su propio interés, considerando al otro como un rival y enemigo. Sostienen que la filosofía política liberal olvida que los compromisos y las relaciones de pertenencia de los seres humanos son constitutivos de su personalidad, logrando el olvido de las tradiciones y la erosión de los diferentes modos de vida. Sostienen que los liberales sólo ven en la sociedad una especie de empresa cooperativa basada en la ventaja mutua, negando la existencia del bien común y, bajo el disfraz de neutralidad, generalizan el escepticismo moral.
Entre las principales críticas que los Comunitaristas hacen a los liberales están: a) la desvalorización de la vida política, al considerar la asociación como un instrumento para otros fines más individuales, b) la no explicación de ciertas obligaciones, como las familiares, el servicio a la patria, o la preferencia de lo público sobre lo privado, que no devienen de la voluntad o un contrato, c) se olvida que el "yo" está contextualizado social e históricamente y que está constituido, al menos parcialmente, por los valores y compromisos que no son producto de una elección, ni son revocables voluntariamente, d) al reclamar sus derechos se busca, únicamente, maximizar intereses personales en desmedro de los de los demás, y e) se desconoce el importante papel que juegan la lengua, la cultura, las costumbres y las prácticas y valores compartidos como base del reconocimiento de las identidades y de los derechos colectivos.
El hombre es, aristotélicamente, -para los comunitaristas- un "animal político y social" (zoom politikon). Y es a partir de esta concepción que la igualdad es definida no como lo que resta del individuo, después de eliminarse su contexto social e histórico, sino como el producto de la libre expresión de las identidades elegidas en ese contexto. Los derechos son la expresión de los valores propios de las colectividades, al mismo tiempo que el reflejo de una teoría más general de la acción moral. La justicia persigue la solidaridad, la reciprocidad y el bien común. La neutralidad del Estado liberal es ilusoria, porque engañosamente nos encamina a una concepción singular de bien sin confesarlo.
La crítica es contra el individualismo. Para los comunitaristas, una idea pre-social del "yo" es inimaginable. El individuo siempre nace y crece en una sociedad y esta le da sus referencias, estructura su manera de ser en el mundo, modelando sus objetivos. El "yo" no puede ser confrontado con la sociedad, como algo exterior y la capacidad de la persona de elegir no puede separarse de su contexto sociocultural. Una libertad completa sería un espacio vacío en lo que nada tendría valor. Imaginar a una persona incapaz de apegos constitutivos, no la convierte en libre, sino en alguien desprovisto de carácter y de profundidad moral.
A esta concepción, los comunitaristas esgrimen que el hombre, lejos de ser anterior a sus fines, está constituido por ellos, ya que no son más que parte de sus elecciones. Para ellos, el "yo" es siempre parte de un contexto del que no se puede abstraer, ya que está situado y encarnado. Resulta entonces que la comunidad no es un simple medio en el que el individuo realiza sus fines o inclusive el marco en que despliega esfuerzos para obtener ventajas. La comunidad es parte del fundamento de las elecciones que el "yo" realiza, ya que contribuye a fundar su identidad. Es a partir de un modo de vida dado que los individuos eligen. Ciertos modos de vida (costumbres, lazos lingüísticos y geográficos, convenciones religiosas) forman la noción misma de valor, en base a la que se toman decisiones y se hacen elecciones. Estos modos de vida se han vuelto nuestros no porque los hayamos elegido, sino esencialmente porque constituyen las tradiciones a las que nosotros pertenecemos.
Para los comunitaristas todo lo que nos vincula a la comunidad, no hace sólo una diferencia psicológica, sino moral. Para ellos, todo ser humano esta en medio de un conjunto de circunstancias naturales y sociales que constituyen su individualidad y determinan por lo menos en parte su concepción moral. Esta concepción no es producto de una "libre elección, sino que traduce los apegos y compromisos que son constitutivos de su ser". Hay valores que yo puedo mantener a cierta distancia y que van más allá de las obligaciones que contraigo voluntariamente y de los deberes naturales que les debo a los otros seres humanos.
No se puede considerar, entonces, que una comunidad auténtica sea una simple reunión o adición de individuos. En una asociación, los individuos miran sus intereses como independientes y potencialmente divergentes. Las relaciones entre estos intereses no constituyen, en consecuencia, un bien en sí, sino solamente un medio de obtener fines particulares. La comunidad, por el contrario, es un bien intrínseco para todos sus miembros. Hay dos maneras distintas de concebir los valores compartidos. Pueden devenir de la coincidencia de preferencias individuales que, incluso combinadas entre ellas, conservan todas las características de la subjetividad individual, lo que corresponde al pensamiento liberal, o, los valores compartidos serían los valores del grupo que no son ni individuales, ni subjetivos, lo que está de acuerdo con el pensamiento comunitarista. Si no tuviésemos nada que aportar a los otros y no hiciésemos diferencia entre miembros y no miembros, no existiría razón para constituir y mantener comunidades políticas.
Prácticamente todos los comunitaristas, ponen en duda la idea de "ciudadanía económica", que transforma a los miembros de la sociedad en "espectadores que votan" y en consumidores siempre deseosos de mejorar su posición, poniendo a los dueños de los negocios en la posición de sacar el máximo provecho, lejos de toda regulación democrática. Casi todos critican el centralismo, la burocracia estatal y preconizan formas variadas de democracia participativa.
* Este artículo, como el anterior 'La concepción del hombre en las teorías liberales', son deudores de los publicados en el número 16 de la revista francesa Krisis, de junio de 1994, dedicada integralmente al debate: Communautariens vs. Libéraux, especialmente de los de Alain de Benoist, Alistair MacIntyre y Michael J. Sandel.