Por Agustín Prado Alvarado
Enfurecido por la venganza debido a la muerte de su amigo Patroclo, Aquiles -de origen semidivino y el más fuerte rey de los aqueos- regresó a combatir a sus enemigos los troyanos con la intención de enfrentar al príncipe Héctor, defensor de Ilión (Troya) y victimario de Patroclo. Eneas, valiente soldado troyano, desposado con Creusa -hija de Príamo, rey de Troya-, fue el primero en desafiar al héroe aqueo al iniciarse la batalla.
Aquiles y Eneas, ambos hijos de las diosas Tetis y Afrodita (Venus) y de los mortales Peleo y Anquises, iniciaron un breve combate, cancelado oportunamente al intervenir el dios Poseidón (Neptuno) quien amonestó a Eneas por la imprudencia de enfrentar al casi invulnerable Aquiles, pues ya el dios Zeus (Júpiter) había vaticinado que la descendencia de Príamo cesaría mientras que la estirpe de Aquiles continuaría sucesivamente. El frustrado combate entre ambos héroes pertenece a la rapsodia vigésima del poema Ilíada, cantada al parecer entre los siglos VIII o VII a.C. por el bardo griego Homero. Con ese pasaje se cerraba la intervención de Eneas en la Ilíada; sin embargo, los mitos, leyendas y algunos historiadores romanos lo recordaban como uno de los sobrevivientes de la destrucción de Troya.
Casi ocho siglos después, esta rapsodia de la Ilíada debió estar muy presente en el poeta romano Virgilio, cuando inició sus investigaciones acerca del destino en el exilio del troyano Eneas.
EL POETA VIRGILIO
Publio Virgilio Marón (70 -19 a.C.) y sus pares contemporáneos Horacio y Ovidio están ungidos como los más celebrados poetas de la Edad de Oro de las letras latinas romanas. Virgilio, finalmente, consiguió dedicarse a la escritura de la poesía amparado por su protector Mecenas, quien lo vinculó ante la corte de Octavio, quien se convertiría después en Augusto, el primer emperador romano.
Su legado literario se cifra en tres obras: Bucólicas (37 a.C.) de tema idílico pastoril, Geórgicas (29 a.C.) dedicado a los trabajos agrarios y la Eneida. Este último es para los lectores de la época de Augusto y para la posterioridad el mayor poema épico de la literatura romana, solamente comparable en el mundo antiguo europeo con la Ilíada y la Odisea.
Al parecer, la escritura de la Eneida se habría iniciado en el año 29 a.C. continuándola hasta el día de su muerte, editándose póstumamente por orden del mismo Augusto. En su obra Virgilio procuró conciliar las gestas de Eneas con la posterior fundación de Roma, enlazando el linaje de este héroe con la familia Julia, a la cual pertenecía Augusto.
LAS AVENTURAS DE ENEAS
La epopeya de Virgilio empieza cuando una tempestad marítima arrastra a las embarcaciones del héroe troyano a las playas del reino de Cartago (África del Norte). En aquellas tierras son recibidos por la reina Dido, quien pide a su huésped que relate sus aventuras. Eneas rememora sus viajes, empezando con la caída de Ilión a partir de la celada tendida por los griegos con el famoso caballo de madera, su huida amparando a su padre Anquises y a su hijo Ascanio, los viajes por el Mediterráneo, la muerte de Anquises, además de numerosos periplos durante siete fatigosos años.
Pronto surgiría el idilio entre la reina y el exiliado, aunque sería rápidamente estropeado por mandato de Júpiter, quien envió al dios Mercurio para recordarle a Eneas su misión de ocupar otro territorio, en Italia, donde fundaría un nuevo pueblo. La partida de los troyanos es inminente, lo que desmorona los sentimientos de la reina cartaginense quien cegada por el dolor se quita la vida. En su nueva aventura, el hijo de Anquises llega primero a las costas de Sicilia y después a Cumas, donde acompañado por la sacerdotisa Sibila emprende un viaje al mundo subterráneo del Averno, lugar de geografía diversa, donde moran las sombras de los muertos y también las almas de quienes todavía no han nacido.
Al llegar al paraje de los Campos Elisios el alma de Anquises le permitirá comprender su misión en la vida. Al salir del Averno continuará su viaje hasta llegar a las costas italianas, donde entabla contacto con el rey Latino con cuya hija la princesa Lavinia iniciará un romance, desencadenando también una guerra. Lavinia, ofrecida anteriormente en matrimonio al rey Turno, gobernante de los rútulos, se enfrentará en guerra contra las fuerzas de Eneas. Finalmente la epopeya termina con el retorno del héroe troyano al campo de batalla con nueva armadura y un escudo grabado con escenas de la historia romana venciendo en duelo a Turno, con lo cual conseguirá establecerse en Italia cumpliendo el destino que le había sido profetizado.
LAS FUENTES DE LA ENEIDA
Aunque Homero fue el modelo principal para Virgilio, su investigación sobre los viajes de Eneas lo llevó a revisar a otros textos como el Himno homérico V, dedicado a Afrodita, la Teogonía hesíodica, Estesícoro, Helánico, Tito Livio y diversos autores griegos y romanos, asimilando y descartando datos para la escritura de su poema. Al parecer el poema fue revisado por Virgilio, por eso se cree equivocadamente que el poema no estaba completo.
ESTRUCTURA DE LA ENEIDA
La composición de la Eneida está distribuida en doce libros escritos en hexámetros, tomando los poemas homéricos como modelo. Los seis primeros libros son una especie de Odisea en la que el poeta romano, utilizando la técnica del In medias res empleada por Homero, retrocede en el tiempo y cede la voz de la narración a Eneas, quien cuenta sus propias aventuras a la reina Dido como aconteció con Odiseo al relatar sus viajes al rey Alcínoo en el país de los Feacios.
Del libro sétimo al doce la composición adquiere el esquema de la Ilíada, pues el eje es una guerra entre troyanos y rútulos por la disputa de la princesa Lavinia, análogamente a lo acontecido entre griegos y troyanos por el rapto de la reina griega Helena. Estos modelos homéricos no son exclusivos aunque sí son medulares: las diferencias entre ambos poetas es que Virgilio concibe la mentalidad y conducta de Eneas bajo el ideal de un romano.
ENEAS EL PIADOSO
La piedad, característica de Eneas, lo distanciaba de los héroes homéricos como Aquiles, Áyax o Agamenón que resaltan por un individualismo extremo buscando el areté (excelencia, superioridad y reconocimiento de los demás), pues el troyano mostraba su pietas mediante los cultos y obsequios de presentes a las divinidades y la veneración a la figura de su padre. Por eso el libro VI, donde se produce la catábasis -el descenso al Averno- es fundamental para comprender el fatum de Eneas. Aurelio Espinoza Pólit señala en su libro Virgilio, el poeta y su misión providencial (1932) que el viaje al Averno y el encuentro en los Elíseos con las errantes almas identificadas por Anquises como sus futuros descendientes y gobernantes de Roma -entre ellos Augusto- consiguen que Eneas comprenda finalmente la naturaleza de su destino, por ello no vacilará más en cumplir su misión de establecerse y fundar un nuevo pueblo en Italia, que en el futuro será Roma. Otro aspecto diferenciador de Eneas con los personajes homéricos es como lo informa Julio Picasso su carácter evolutivo frente a las acciones uniformes de los aqueos homéricos.
LA ENEIDA EN CASTELLANO
Contamos en castellano con traducciones completas del poema de Virgilio desde fines de la Edad Media siendo el pionero don Enrique de Villena -traducción que se editó en 1427- a pedido del rey don Juan de Navarra. La literatura clásica impregnó sus huellas en la literatura colonial del Perú -como ha sido revisada en los ensayos del libro editado por Teodoro Hampe Martínez La tradición clásica en el Perú (1999)- y ese legado continúa indiscutiblemente en los trabajos de Julio Picasso Muñoz, por haber traducido la obra completa de Virgilio, editándose primero las Bucólicas y las Geórgicas en el 2004 por la Universidad Católica Sedes Sapiantiae. La edición de Picasso de la Eneida, lujosamente impresa, nos presenta un didáctico prólogo y cada canto del poema viene acompañado por notas eruditas y aclaratorias además de pertinentes ilustraciones de los viajes de Eneas y del arte romano.