FILOSOFEMAS

El susurro de la mujer ballena

Esta es una de las novelas más originales que he leído, su argumento es increíble. Casi todo el texto consiste en un diálogo entre dos mujeres

Por Francisco Miró Quesada Cantuarias. Filósofo

"Me voy esta noche. No voy a regresar nunca, venía a decirte eso, nada más". Quince palabras, ni un solo adjetivo. Es imposible escribir un texto más o menos largo, sin utilizar adjetivos. Pero Alonso Cueto, autor de "El susurro de la mujer ballena", que fue finalista del Premio Iberoamericano Planeta-Casa de América de Narrativa 2007 y, anteriormente, de "La hora azul", ganadora del Premio Herralde, escribe de esta manera. Este hecho, insólito en un escritor, se nota ya en sus cuentos, como "La batalla del pasado", "Cinco para las nueve", "Vestidos de una dama" y "El otro amor de Diana Abril", pero se va acentuando con el tiempo. Quizá esta sea la clave de su éxito. Nunca he leído una novela de este tipo. Quizá haya otras, pero aunque soy adicto a la lectura de novelas, nunca he encontrado una igual.

"El susurro de la mujer ballena" es una de las novelas más originales que he leído, su argumento es increíble. Casi todo el texto consiste en un diálogo entre dos mujeres, que se llaman Rebeca (la mujer ballena) y Verónica, periodista en un diario de Lima, que escribe en la sección Internacional.

Verónica está de regreso a Lima, después de haber viajado Bogotá y de repente siente que alguien la está mirando, y nota las dimensiones descomunales de la mujer que se había sentado a su derecha. Era un organismo inmenso, una gorda de brazos como oleoductos, embolsados en un traje negro. La vio apenas con el rabillo del ojo, pues no quería llamar su atención. Pero sucedió lo inevitable, la reconoció. ¿No te acuerdas de mí, le preguntó? Rebeca, sí, claro que sí.

Debido a su inmensa gordura, todos en el colegio se burlaban cruelmente de ella, le hacían bromas atroces. Pero Verónica era compasiva e iba a visitarla con frecuencia. Rebeca era inteligente, leía mucho, y tenía una buena discoteca; adoraba a Beethoven.

Pasaron los años y dejaron de verse. Hasta que se encontraron en el avión. El tiempo volvió a pasar de nuevo. Verónica, creía que, por fin, se había librado de Rebeca. Hasta que un día, la llamó por teléfono, y le dijo que necesitaba verla, que la quería mucho. Pero si me quieres mucho, replicó mucho, ¿por qué no dejas de fastidiarme la paciencia? Lo siento, Vero, pero no lo puedo evitar, estoy muy sola, ¿me entiendes?

Cuando Verónica estaba trabajando, después de almuerzo, en su oficina de trabajo, la llamó su empleada Carmela, y le dijo, señora, Sebastián no ha llegado del colegio, entonces llamó a su amiga la señora Guerra, que era quien lo recogía todos los días a la salida. Sebastián me dijo que lo había recogido una amiga tuya, se llamaba Rebeca. No tenía por qué preocuparme, seguramente lo trataría bien.

Pero un día sucedió algo inesperado. Vero tenía que presentar un libro y en el momento en que lo estaba haciendo, vio a Rebeca entre el público, apenas terminó la presentación subió al estrado, brutalmente la besó y, luego, trató de ahorcarla. La obligaron a soltarla, pero Verónica cayó del estrado y se hirió en una pierna. La llevaron al hospital, y un día se presentó Rebeca y, le dice, no sé cómo pude hacer eso. Se sienta junto a ella, y Verónica le pide perdón. Rebeca llora emocionada. ¿Es original o no la novela de Alonso Cueto?.