Por Antonio Orjeda
¿Qué hora sería? No sabe. Solo que podía ser sábado o domingo y que mientras papá y mamá dormían, ella se subía a una banca, prendía la hornilla y comenzaba a mover y mover su preparado. "Imagino que les sorprendería". Obvio, Elizabeth tenía 5 años y ya preparaba arroz con leche para toda la familia. Cosa que no sucedió más cuando adolescente. "Preparaba postres en la noche y me los comía. A la mañana siguiente, ya no quedaba nada". No, ello no se plasmaba en su anatomía. "Siempre he sido delgada, ¡gracias a Dios!".
Sí, Elizabeth estudió en el Villa María.
RELAX, NADA MÁS
Mamá tenía un cuaderno. En él pegaba las recetas de Teresa Ocampo. Las recortaba del periódico. Elizabeth las copiaba y las guardaba en un pióner. "¡Hasta ahora lo tengo! Lindo, con mi letra perfecta, subrayadito". Secundaria. En el Villa María tenían clases de cocina, pero Elizabeth no la rompía.
"Tenía bastante competencia". De su promoción no solo es la mediática repostera Sandra Plevisani, sino también hoy exitosas chicas que preparan y comercializan postres. Pero, ¡a quién le importa! Total, lo que ella en realidad quería era trabajar en una transnacional. Por eso se hizo administradora. Hoy es parte de una de las 20 marcas más importantes del planeta pero, cuando llega a casa, se siente plenamente relajada frente a sus cuatro hornillas.
Trabaja en promedio 12 horas al día. No importa. Llega y Sebastián y María Paz la escuchan: "hace un frío horrible, ¿les preparo una sopita" Así es ella. Así es mamá.
Estuardo, su esposo, vivió una experiencia diferente. "No, a él no lo conquisté por el estómago". Sí, pues, después de haberle preparado mil cosas a un enamoradito, Elizabeth decidió que con Estuardo sería todo diferente.
"Mis amigos le decían: qué suerte, ¡Elizabeth te debe preparar cosas riquísimas! No. ¡Nunca me prepara nada!".
Llegó el día. Hizo para él una comida especial. Pero, como a él no le gustan los postres... "No lo voy a sacrificar. No lo voy a obligar". Siendo los postres su especialidad, ella le puso al frente una chirimoya. "¡Se molestó! (ríe). Me dijo: a todos les has preparado postres, cosas riquísimas, ¡y a mí, me das una fruta!".
Estuardo con las justas prepara pan con mantequilla. Igual, ya le ha propuesto abrir un restaurante. Nada que ver. A ella le gusta disfrutar. La idea, sin embargo, ya comenzó a rondar en su cabeza. ¡Sobre todo después de haber experimentado --como gerenta general de Prom-Perú-- la sensación que causa la cocina peruana en todo el planeta!
Ahora que trabaja para el gigante coreano, Elizabeth ha pensado cocinar para sus jefes. Invitarlos a casa. No es el momento, cree. Antes quiere conocer bien su cultura. Además, "no quiero quedar como una sobona", ríe.