AGITACIÓN LOCAL Y TENSIÓN NACIONAL

Majaz impedirás

Cambiar un modo de vida y un ecosistema tiene un muy alto precio. La minería puede pagarlo

Por Fernando Vivas. Periodista

No hay uno sino dos conflictos. El más obvio, con consulta popular para este domingo y corre corre del primer ministro y promotor de la minería Jorge del Castillo, se da entre las comunidades que rechazan el proyecto Río Blanco y la minera Majaz que tiene todo listo para explotarlo.

Es un conflicto que los amigos de las mistificaciones --me excluyo-- viven cual choque de cosmovisiones: la romántica y pastoral, abocada a cultivar el agro y a empoderar la organización social que ha echado en él sus raíces, versus la mercantil y metálica, que supedita todo lo anterior a la rentabilidad de la actividad extractiva manejada centralistamente.

Bronca terrible pues se sobreideologiza hasta volverse maniquea. Entonces, dos religiones se enfrentan: una sataniza a la minería por violar la santa armonía entre la naturaleza y la sociedad; la otra sataniza a la resistencia local como un obstáculo a un plan de desarrollo patrio que tiene a la inversión extranjera como objeto sagrado.

Estas religiones bamba solo han servido para desinformar, manipular y enervar el conflicto al punto que se hace arduo negociar. Sin embargo, no hay que asumir que las declaraciones de estos bandos pastorales y metálicos, por más radicales que a veces suenen, sean tan religiosas que impidan el diálogo. Son tácticas de quien quiere que le concedan más o hace lo posible para que le pidan menos, y no necesariamente de quien esté dispuesto a encarnar lemas violentos como "ecología o muerte" o "no te allanas y te suelto al ejército".

Esos alcaldes que plantaron a Del Castillo en su reciente viaje a Piura quizá esperan estar en mejores condiciones de negociar cuando tengan el resultado de su consulta legal pero no vinculante. Y ese poderoso grupo minero chino, Zijin, que compró en el verano del 2007 el proyecto a los más modestos británicos de Monterrico Metals (y, por cierto, heredó, además de parte de su personal, los efectos de unas desastrosas relaciones públicas que se excedieron en cabildeo y habrían incurrido en seguimientos a sus enemigos) sí estará considerando, dentro de su táctico silencio actual, lo que su gran margen de ganancia les permite ceder.

El diálogo de los próximos días tiene que estar exento de mistificaciones, pues quien las usa de su lado las redobla del otro. Lo acabo de ver reseñado en el documental "Tambogrande: mangos, muerte, minería" de Stephanie Boyd y Ernesto Cabellos, donde la población prácticamente expulsó a la minera canadiense Manhattan.

Cambiar un modo de vida agrario y un ecosistema no va contra ningún principio religioso en el que yo crea. Pero sí tiene un muy alto precio. La minería puede pagarlo y el Estado, a través de organismos democráticos y autónomos, tiene que garantizarlo y minimizar los efectos indeseables.

Aquí entra el otro conflicto, el del interés nacional versus el interés local. Pues hay que hilar fino en Majaz para que este segundo conflicto no pase a ser el más importante.