Especial

Memoria del horror

De cómo la tradición oral mantiene vivo el recuerdo el terrible régimen impuesto por los caucheros
"En mi presencia asesinó Abelardo Agüero a un indio quemándole los pies; y a otros cuatro que fueron cogidos con el anterior, los hizo fusilar con sus muchachos; vi a Arturo Masías que se decía era limeño, en el lugar llamado Pesquería a orillas del Putumayo, matar a un indio, a la mujer de dicho indio y a una criatura hija de ambos porque se quejaron que no se les daba de comer; Masías mató a puntapiés a la criatura indicada a la que por apodo le decían Barrigoncito y a los padres de ésta a tiros de revólver" (Miguel Tapullima, ex empleado de la Peruvian Rubber Company).

Por María Eugenia Yllia Miranda (*)

Este es tan solo uno de los cientos de testimonios indígenas que describen el brutal genocidio perpetrado por los denominados "barones del caucho" a finales del siglo XIX y comienzos del XX. El sistema de explotación, tal como se dio en la Amazonía, remeció los cimientos estructurales de casi todas las sociedades que la habitaban, originando su colapso económico, político, social y demográfico. "En cada entrega de caucho se quemaban 10 hombres, y en la otra entrega también 10 hombres quemados y así íbamos disminuyendo" (Testimonio uitoto, 1979 archivo CAAAP).

La importancia de dar voz al indígena es un método de recopilación de datos muy utilizado en los estudios culturales, pero esta realidad no siempre fue así. El análisis del "boom del caucho" -paradójicamente uno de los capítulos menos conocidos de nuestra historia republicana, que a la vez ha concitado gran atención de literatos e investigadores de distintas latitudes-, es un ejemplo de que, para conocer a profundidad el desarrollo y los alcances de un periodo histórico, se deben oír las distintas voces que subyacen el entramado cultural de la época y que, como la memoria indígena, persisten hasta la actualidad.

'En Abisinia vi al jefe Miguel Flores matar a bala a más de cincuenta indios porque no quisieron trabajar caucho; también vi en la misma sección al jefe Abelardo Agüero matar más de setenta indios por la misma causa; pero el que más crímenes ha cometido en esa sección es el segundo jefe Augusto Jiménez, quien ha asesinado personalmente como a ciento siete indios, habiendo hecho desaparecer con esos asesinatos a la nación llamada Machivare de la que solo quedamos yo y tres indios más' (Bushico Boras, sección Andoques).

La mayoría de relatos corrobora la versión oficial de la historia que revela que solo en la región comprendida entre el Caquetá y el Putumayo, territorio original de uitotos, boras, andoques, ocainas, murui, resígaros, mirañas, etc., se estimó una baja demográfica de casi el 90% de la población.

Sin embargo los detalles de los sucesos refrendan los niveles de terror implantados por los caucheros: ".a las mujeres también les llegó el turno de morir. A las que tenían varios hijos las hacían trabajar, nadie podía respirar, descansar. Si una madre tenía un bebe, el bebito lloraba y no le dejaba trabajar a su madre, lo arrancaban de las manos y lo botaban a la candela".

Pero, más allá de las cifras y la sordidez de los sucesos, lo más trascendente que se desprende de ellos es la diametral diferencia de mentalidades y valores que caracterizaban a los grupos involucrados -caucheros e indígenas-, que se tradujo en la imposibilidad de comunicación y entendimiento entre ellos: "No alcanzábamos a comprender cuánto era un kilo, antes nosotros no usábamos el kilo - recién ahora desde que trabajamos el caucho entendimos el kilo.

El que traía un kilogramo de caucho era colgado y amarrado en un palo y el otro pie en el otro palo, los levantaban allí y con cuero se les azotaban con cuero de toro torcido con látigo. Sólo ellos sabían de cuantos kilos para arriba era aceptado" "Un año o dos años después las autoridades de acá mandaron investigar y juntar todos los esqueletos paisanos, muertos por diversión, pero como [no] sabían el habla castellano los paisanos, no hubo personas quien relate todo lo que se les ha cometido, quedó como si nada hubiese pasado"

CANTOS DEL HACHA
"El blanco trae con él machete y hacha que entrega a cada jefe. Este a su vez tenía que prestar a las demás gentes dichos instrumentos. Cuando alguno quería un hacha y un machete para sí, entregaba a cambio un niño varón de 10 años a menos" Testimonio de Pedro Flores, bora del grupo de los Pijuayos, c.1974.

Los Cantos del Hacha, son ejemplo de cómo la memoria colectiva logró incorporar y asimilar a través de la narrativa indígena hechos dramáticos de su historia. Mirelle Guyot (1984), explica que estos cantos dan cuenta del primer tiempo de contacto de blancos e indígenas, y que en el periodo del caucho se revitalizaron y tomaron gran significación, principalmente entre los boras, mirañas y uitotos, quizá las sociedades más afectadas.

"El hacha de fierro es una herramienta que recuerda el miedo, pues en el tiempo de mi padre era obtenido de los blancos por intemedio de los Bora y Ocaina a través del comercio de esclavos (se cambiaba un hombre u hombres por un hacha o machete)". (Testimonio del uitoto Augusto Kuiru recopilado por Jurg Gasché,1984).

El hacha es un elemento simbólico en el pensamiento indígena y representa más que a una herramienta, el momento de introducción de la economía capitalista en la amazonía, a través de un conjunto de objetos fabricados industrialmente- como los cuchillos, las escopetas, los fósforos, etc. - y por los que los indígenas llegaban a situaciones verdaderamente incomprensibles y perturbadoras.

YAROCAMENA Y LA RESISTENCIA INDIGENA
". Preparó una totumada de ambil y coca, nuestra ley de nacimiento, y llamó a los jefes vecinos. Quiero que acabemos con este régimen. Chupemos este ambil, mambeemos esta coca; tomemos esta Maguana y busquemos nuestra libertad" (Testimonio indígena).

Uno de los temas menos documentados en torno al caucho son las evidencias de resistencia indígena. Las historias orales que narran los levantamientos contra los caucheros, constituyen indudablemente elementos inestimables para la reconstrucción de las historias regionales e identidades étnicas.

Pineda Camacho recoge diversas versiones que relatan el histórico levantamiento del uitoto Yarocamena contra los caucheros del Campamento Atenas del Putumayo. El autor señala que el nombre de Yarokamena, que significa "arbol de piedra de rayo" o árbol de cuarzo", es un "apelativo propio de los capitanes que conducen una acción guerrera y que representa al poder del Trueno, del Rayo" (1988-89).

Otros relatos permiten entrever el arraigo y la persistencia de importantes objetos materiales que componen su corpus mitológico y sagrado, como es por ejemplo entre los indígenas boras y uitotos del Caquetá y del Putumayo, el uso del manguaré ".dicha matanza se realizó porque Jiménez oyó el toque de un manguaré en la choza .". José María Boras (Foja 861).

Han pasado casi 100 años y nos preguntamos ¿Cuál es la verdadera impronta que estos acontecimientos dejaron en la mentalidad del hombre amazónico? ¿Después de tantos años los abuelos o líderes indígenas han podido reescribir sus propias historias?

(*) Instituto de Investigaciones Museológicas y Artísticas Universidad Ricardo Palma