Aparece libro sobre pintor Pantigoso
A pesar de la retrospectiva llevada a cabo el 2001, y del espacio preferencial que recibió en la muestra Los Independientes, curada por Alfonso Castrillón, la obra de Manuel Domingo Pantigoso sigue siendo desconocida para un amplio sector de la población. Pantigoso, fundador de Los Independientes, el libro que se acaba de publicar, intenta corregir ese rumbo y mostrar a un artista versátil y audaz, que descubrió una nueva forma de retratar la cosmovisión andina, más allá de las debilidades del indigenismo.
El caso de Manuel Domingo Pantigoso es singular. Autodidacta y tenaz -a los quince años ya tenía decidido que quería ser pintor-, alcanzó, de muy joven, un amplio reconocimiento por una obra versátil, desprejuiciada, a veces antojadiza, que esquivaba con gracia y sensibilidad las tendencias de una época marcada por los parámetros cerrados del indigenismo, una época marcada por una reivindicación más o menos programática -culposa, oscura- de la cosmovisión andina y sus manifestaciones culturales.
Pantigoso -nacido en Arequipa en 1901- entabló vínculos profundos con algunos creadores de Puno y Arequipa -el grupo Orkopata, Vinatea Reynoso-y obtuvo un considerable reconocimiento; viajó a Lima y expuso con éxito; y emprendió luego un largo periplo por España en el que no solo se encargó de decorar el Pabellón Peruano de la Exposición Iberoamericana de Sevilla (1929), sino también de hacer conocer su trabajo, gracias a una muestra que fue recibida con inusitado entusiasmo.
Pantigoso tenía talento, audacia y voluntad. Su trayectoria se desarrolló rápidamente, alcanzando, casi con naturalidad, un lugar visible en la escena plástica peruana de mediados de siglo. Todo esto, además, acicateado por su destacada participación en la organización del Salón de los Independientes (1937), un polémico pero estimulante proyecto expositivo que pretendía marcar distancia de los dogmas y la verticalidad con que José Sabogal manejaba la Escuela de Bellas Artes.
EL INDEPENDIENTE
Con el paso del tiempo, sin embargo, la obra de Pantigoso fue alejándose del ojo público, sin motivo aparente. Quizá en esto haya tenido que ver alguno de los cuestionamientos que se le imputaron luego de repetir las experiencias del Salón de los Independientes, con una segunda (1940) y tercera versión (1963). El crítico Juan Acha -clave en el desarrollo de nuestras artes visuales a partir de la década del sesenta-, por ejemplo, dijo que se había reemplazado la noción de independiente por la de aficionado, y que un "gregario montón" no iba poder ser eficaz en la evolución del arte.
Pues bien. Lo que intenta Pantigoso, fundador de los independientes, es exactamente eso: demostrar que opiniones como la de Acha no solo no iban dirigidas a figuras como la de Pantigoso, sino que éste -más que algunos de sus compañeros Independientes, como Grau, Quispez Asín, y otros- fue un artista que marcó época, que abrió una brecha, que dejó un cuerpo de trabajo imperecedero. En ese sentido, no son pocos los historiadores y críticos que han empezado a reconocer una cierta gravitación en la obra del pintor arequipeño.
DANZA Y LUZ
El caso de Pantigoso es muy singular. Es uno de esos artistas que parecen surgir de vez en cuando para generar un contrapeso frente a esas figuras totémicas, verticales, erigidas sobre un rígido culto a la personalidad, como lo fue Sabogal durante los años que dirigió la Escuela de Bellas Artes. Mientras Sabogal pinta con una grueso, acechante, nervioso trazo expresionista, con una paleta densa, cargada de sombras, Pantigoso opta por líneas limpias y decididamente sintéticas, económicas, que parecen caminar hacia la abstracción.
Mientras Sabogal retrata al indio con un programa político, con una vocación propagandística -acorralado por la pobreza y la esclavitud, marcado por rasgos violentos, próximo a una involuntaria caricatura-, Pantigoso lo retrata en el movimiento y el colorido de la danza, bajo una luz limpia: enérgico, festivo, en esplendor. Según Luis Eduardo Wuffarden, el legado de Pantigoso no se queda ahí, en ese quiebre y contrapeso, sino que se desplaza a todo un ámbito distinto, inédito para entonces: el de la ilustración y la gráfica.
Pantigoso, fundador de los Independientes es un libro que nos abre la puerta al vasto trabajo de un artista heterodoxo, ajeno a los tics y la retórica de la academia, pero riguroso y atento. Y a pesar de que en el libro se advierte cierto sesgo interpretativo y crítico -el autor es, después de todo, hijo del artista-, y a pesar de que no se incide demasiado en el filón gráfico de la pintura de Pantigoso, que es quizá su aporte más atractivo, la minuciosidad y la magnitud del proyecto resultan elogiables.
LÍNEAS SUREÑAS
Fragmento de Pantigoso, fundador de los Independientes Por Manuel Pantigoso
"Los posteriores viajes a Puno y su inmersión espiritual en la ciudad del Lago Sagrado, al lado de Gamaliel Churata, fueron los resortes que impulsaron y definieron esa capacidad de síntesis y de encuentro de musicales gamas cromáticas, poéticas, características básicas de su ser y de su pintura. Todo ello lo reafirmó en esa tierra metafísica cuyos paisajes son en sí mismos sintéticos, estilizados en imágenes visuales y en modulados sonidos, en abstracciones geométricas donde lo nacional y lo universal se funden. Allí la pura naturaleza, fraccionada y unitaria al mismo tiempo, está como recogida amorosamente en la hondura de la mano."