Letras
Cuatro novelas orales
Por Julio Ortega
En noviembre del 2001, en Guadalajara, en una pausa de la sesión de consejeros de la Cátedra Julio Cortázar, hablando de la capacidad de mentira de Fujimori, Gabriel García Márquez anunció que había escrito una novela sobre el Perú y nos la dijo, de memoria, como una sentencia histórica sobre el poder y la fuga. En Providence, en una de sus visitas a la Universidad de Brown, Carlos Fuentes me contó la versión londinense del confinamiento clínico de Pinochet. Como Artemio Cruz, el dictador por fin se mira en el espejo, y reconoce que es nadie.
En San Juan de Puerto Rico, a comienzos de los 80, me vi a solas con Juan Rulfo. Nos sentamos en un rincón del populoso Congreso de Escritores a tomar un café. Tal vez le dije que Jorge Amado, que pasó sin vernos, me había confiado que el remoto origen de Doña Flor y sus dos maridos era una viuda guapa de Bahía a quien los muchachos atribuían recibir al fantasma de su marido. Rulfo recordó, como si lo dictara, un episodio de su vida de recolector de leyendas entre los pueblos mexicanos. Después entendí que me había contado el origen de Juan Preciado, cuya alma había ido a buscar a Comala. Pero hoy creo más: ésta es la historia del lector salvado por la lectura. No es distinta la parábola del Coronel Aureliano Buendía. salvado del pelotón de fusilamiento gracias a que seguimos leyendo. O la de Felipe Montero, lector hechizado por el recomienzo de leer para siempre, prometido por Aura.
En Alburquerque, Nuevo México, invitados por Ángel González, fuimos con Juan Benet a conocer Madrid, un pueblo fantasma, antiguo recinto minero. Benet se entusiasmó con este Madrid abandonado como el set de una mala película. Después, su conclusión sobre la verdad autoritaria, esa mentira encarnizada, me pareció un conjuro contra fantasmas.
Estas versiones quieren ser fieles pero los autores no son responsables de su mera transcripción.
GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ:
PARÁBOLA PERUANA
Había en Japón un niño muy astuto que de grande quería ser rico. Pensó que para conseguirlo tendría que mudarse a un país lejano, donde pudiese hacerse elegir presidente. Estudió el globo terráqueo, y se decidió por el Perú.
Fue elegido presidente.
Se hizo poderoso y rico.
Y regresó al Japón.
CARLOS FUENTES:
PARÁBOLA CHILENA
Cuando el general Pinochet entró a la Clínica de Londres, el memorable dia de 1998 en que la justicia española lo reclamó a juicio, no sabia él que se trataba de un hospital de lunáticos. En el jardín interior vio a unos señores ingleses que paseaban en silencio. Se acercó a uno de ellos, y le dijo:
-Buenos días -y le tendió la mano-. Soy el general Pinochet.
El otro se la estrechó, lo miró a los ojos, y respondió:
-Yo también soy el general Pinochet.
JUAN RULFO:
PARÁBOLA MEXICANA
Una noche, ya muy tarde, llegué a un pueblito perdido y, para mi sorpresa, los pobladores me estaban aguardando. Sin decir una palabra, me rodearon y me llevaron al centro de la plaza. Me ataron al tronco de un árbol y, en silencio, desaparecieron. De mañana, temprano, regresaron. Y me dijo uno de ellos: "De lejos te vimos llegar pero nos dimos cuenta que venías sin tu alma. Tu alma te andaba buscando y por eso te amarramos, para que te encuentre. Ahora podemos soltarte."
JUAN BENET:
LECCIÓN ESPAÑOLA
Vivir el franquismo es no saber nada. Cuando la policía nos pide confesar lo que sabemos, decimos toda la verdad: no sabemos nada. Quien dice en España "Yo tengo la verdad," es que forma parte de la policía. Todos los demás dudamos: somos un expediente que no hemos leído. Sólo la policía sabe. Y es una verdad sin apelaciones, la del miedo.