Rincón del autor

La subversión de hoy

No estamos frente al terrorismo anterior, pero sí ante un conjunto de organizaciones que minan permanentemente la estabilidad y la soberanía de nuestro país

Por Hugo Guerra

Quince años después de la captura de Abimael Guzmán es indispensable, analítico lector, revisar cuáles son hoy los nuevos factores subversivos en el Perú.

Sendero Luminoso tiene todavía dos facciones. La mayoritaria acuerdista, al tener a sus cabecillas presos, ha pospuesto la lucha armada y transitoriamente se integra a la vida política infiltrando el Estado de derecho 'burgués'. Ejemplo de ello son Patria Roja y su careta, el Sutep. Sigue así activada una bomba de tiempo que le explotará a nuestros hijos porque los partidos democráticos absurdamente hoy no están dando lucha ideológica.

La facción violentista, encabezada por sujetos como 'Artemio', casi analfabetos, tiene una alianza sicaria con el narcotráfico. Frente a esto, la respuesta política y policial del Estado es solo relativa y depende mucho de la precaria delegación de autoridad en las rondas campesinas.

El MRTA a su turno, está militarmente minimizado porque el financiamiento --nunca revelado en toda su magnitud-- se raleó con la captura de los últimos cabecillas históricos; pero no ha desaparecido. Quedan células activas, organizadas en diversos frentes en el ámbito nacional y que desarrollan pactos con los bolivarianos.

Precisamente ese es el otro componente subversivo. La denuncia sobre la infiltración del ALBA y las 79 casas de activismo chavista en nuestro país sigue sin una respuesta integral de parte de un Estado que debe entender que el proyecto de la 'Patria Grande' implica la desaparición progresiva de repúblicas soberanas como la nuestra.

Frente a los círculos bolivarianos y su alianza con grupos hoy legales como los seudonacionalistas del tipo humalista, los partidos democráticos están actuando con una torpeza equivalente a la que tuvieron frente al fenómeno senderista en los años 80.

Hoy la subversión no es terrorista como en el pasado reciente, pero es muy amplia la red de organizaciones que buscan la destrucción del Perú soberano, independiente y en proceso de consolidación democrática.

Un ejemplo que la opinión pública no percibe con claridad es el activismo de fachada ecologista que conspira contra actividades económicas clave como la minera. Véase el caso de Majaz, en el cual quienes manipulan a la población, para enfrentarse al Estado en un referéndum sedicioso, tienen vínculos con la maraña bolivariana y con ONG extranjeras cuyo interés es atacar a empresas que operan en escala global.

La lista de factores subversivos es, sin duda, más amplia. Tomaría el doble de este espacio solo enumerar los grupos que están reconvirtiendo a ciertas universidades públicas en ollas de presión. Pero le propongo un simple ejercicio, querido lector: en Internet busque Coordinadora Continental Bolivariana y siga todos los links con las organizaciones locales e internacionales que encuentre; luego, analice los conflictos sectoriales y haga un mapa de la subversión latente en el Perú. Le aseguro que así tendrá una primera visión de lo que realmente conspira contra nuestro país.