Por Jorge Santistevan de Noriega. Ex defensor del Pueblo
Los tiempos cambian en América Latina. Los ex presidentes pueden pasar de extraditables a extraditados; y los sistemas judiciales nacionales tienen el deber de juzgarlos y juzgarlos bien. Ocurre a cuentagotas (Collor de Mello a Brasil, Rodríguez a Costa Rica y ahora Fujimori al Perú). Pero hay que reconocer que lo importante es que el espacio de la impunidad se angosta. Por eso es trascendental la decisión que ha tomado la Corte Suprema de Chile que deberá ser cumplida inmediatamente. Pronto acabará el relumbrón político y tendrá exclusivo protagonismo la voz de nuestra justicia.
Definida la extradición, la responsabilidad recae ahora en el Poder Judicial. Este tendrá que ejercer sus funciones con especial celo aunque en el marco estricto de los delitos admitidos por la justicia chilena. Como se trata de quien fue un funcionario del más alto nivel, solo puede ser juzgado por los vocales de la Corte Suprema. ¿Será nuestro Poder Judicial capaz de hacerlo respetando las garantías del debido proceso que son tan válidas para el procesado (Fujimori) como para la sociedad en nombre de la cual ejercen función jurisdiccional?
No me dejo llevar por las encuestas y lo mal que se suele hablar del Poder Judicial. En esta hora crucial reivindico (aunque ello no resulte popular) que --a pesar de su postergada reforma y de las obvias limitaciones en las que se desenvuelve-- los jueces peruanos vienen demostrando ser capaces de juzgar decentemente. Lo han hecho en algunos de los casos más significativos. Por ejemplo el de los líderes de las organizaciones terroristas a través de sentencias que hoy nadie cuestiona.
Tengamos en cuenta el caso paradigmático de la estadounidense Lori Berenson. A pesar de haber sido impugnado ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la sentencia que la condena ha pasado el riguroso examen internacional satisfactoriamente. El propio caso de ciudadanos chilenos, juzgados por segunda vez por graves crímenes relacionados con el terrorismo en el Perú, no ha recibido reproche de parte de las autoridades chilenas que observaron el proceso rigurosamente.
En esta hora --de verdad histórica y desafiante para la justicia peruana-- yo me permito dar un voto de confianza por los jueces del Perú. Van a estar en su momento histórico. De cómo resuelvan dependerá que opten con imparcialidad por la justicia y la historia y no por ningún interés subalterno.