EXPOSICIÓN. En Washington
WASHINGTON [AGENCIAS]. Desde el viernes, los ciudadanos de Washington tienen el privilegio de adentrarse en 96 enigmáticas obras de Edward Hopper que la National Gallery of Art ha reunido en una gran revisión del más querido, popular y admirado de los pintores realistas del siglo XX en Estados Unidos. Hopper lleva décadas intrigando a intelectuales y cineastas, inspirando a artistas de culturas diversas y cautivando al público general. Algo de voyeurismo hay en la atracción que despiertan sus cuadros neoyorquinos, escenarios donde la quietud es turbadora y abierta a mil interpretaciones.
Esta atracción casi universal que genera el universo de Hopper es, en parte, el origen de esta exposición, la mayor en 25 años que alberga Washington. Y la primera vez que su obra "Nighthawks" (1942) visita la capital estadounidense. Franklin Kelly, comisario de la muestra, ha tratado de profundizar en el porqué de la obsesión hopperiana: "¿Qué es aquello tan poderoso que suscita tanta admiración?", se pregunta. La muestra, que reúne 48 óleos, 36 acuarelas y 12 grabados, explora su período más maduro, de 1925 hasta mediados del siglo XX, e incluye muchas de sus obras más afamadas. Hopper ha sido tan reproducido que la muestra parece a priori insignificante. Pero la luz de los cuadros adquiere una nueva dimensión en directo. Su pasión por el teatro y el cine negro y la fuerte influencia que estos medios ejercieron en él resultan evidentes para el espectador. Hopper nunca abandonó el realismo. Una vez explicó que su objetivo siempre fue "la más exacta descripción posible de mis más íntimas expresiones de la naturaleza". Dando fe de ello, la muestra se detiene en los solitarios faros que pintó en Maine; en la arquitectura anónima de la campiña de Nueva Inglaterra; las fábricas, los postes de luz, los tejados y las vías de tren.
La exposición estará abierta en Washington hasta el 21 de enero. Luego viajará al Instituto de Arte de Chicago.