Por Ricardo Gonzáles Vigil
Si su primer poemario, "Catedral" (estruendomudo, 2005), lo mostró como un poeta de apreciables recursos expresivos, ahora "Los ríos en invierno" (ganador del Premio Nacional de Poesía de la Pontificia Universidad Católica del Perú conferido este año) consolida a José Miguel Herbozo (Lima, 1984) como una de las voces imprescindibles de la poesía peruana última. Forma parte de un destacable elenco de autores que han sido condiscípulos en la PUCP, ficcionalizados la mayoría de ellos en la primera novela de Luis Hernán Castañeda, "Casa de Islandia": los poetas Herbozo, Andrea Cabel y Álvaro Lasso (este, además, editor de polendas) y los narradores Castañeda, Carlos Gallardo y Edwin Chávez.
"Catedral" desplegó unas imágenes centrales que ahora maduran, con mayor intensidad, en "Los ríos en invierno". Los títulos de varios poemas de "Catedral" resultan reveladores de esas obsesiones: "hombre derrotado por el miedo" (precisamente el primer verso del texto que da nombre a "Los ríos en invierno" comienza "Me parece tan humano ese temor", p. 23); "hombre llenándose de polvo" (el paso del tiempo inunda "Los ríos en invierno") y dos secciones rotuladas "Breves mausoleos" y "Despojos". Añádase que el título "Catedral" remite a la religión, la cual es carcomida por la duda.
El deterioro, la desilusión y la crisis religiosa retornan en "Los ríos en invierno" con un manejo precozmente diestro de las estructuras rítmicas del verso y la selección de palabras con riqueza connotativa. Eso resplandece en las logradas composiciones "La multitud asciende hacia tu casa", "Niebla", "Sucesiones" y "Fuga", de una limpidez artística que nos recuerda al mexicano José Gorostiza (en "Muerte sin fin"), sin omitir las resonancias de los clásicos del Siglo de Oro español.
En "La multitud asciende hacia tu casa", la necesidad humana de buscar a Dios no encuentra respuesta perceptible: "Ya nadie nos espera en la montaña / unido a nuestros pasos, nadie espera / ni arredra entre las manos el misterio" (p. 11). Y la esperanza (debilitada, sin duda, por la duda propia de la época contemporánea) carece de la fuerza necesaria: "no alcanza la esperanza / en estos tiempos".
Presintiendo una iluminación, el sujeto poético (hermosamente presentado como un "ciego /que cree en tu mirada y sin embargo / no deja de girar sobre el desierto") se anima a escalar el sendero del monte ("un hilo de señales / y proverbios"), para terminar con ese desconcertante: "dejándonos postrados en tu templo", en un "laberinto de señales". Cae sin dar a "La caza alcance", para decirle con una imagen de San Juan de la Cruz (referencia subyacente en Herbozo).
4Título
"Los ríos en invierno"
Autor
José Miguel Herbozo
Editorial
PUCP
ONCE POEMAS
Invierno connota acabamiento, despojo de la energía vital, tristeza. Once poemas (número acaso simbólico: lo undécimo como lo previo al final) componen este "canto de invierno" que Herbozo entona desilusionado y presa del desconcierto. Como "fantasmas" (lo único que puebla estas páginas, afirma en el primer poema del libro) lo asedian los recuerdos: "la inagotable suma / de aquello que se cambia lentamente por inundación / y por congoja, un temor innecesario que trastorna / hasta borrar el flujo de las cosas: ese giro acostumbrado / con que se cambia el presente hacia memoria, eso que nunca controlamos" (p. 9). Y, para mayor descalabro, la creencia en Dios se tambalea y "Lo único que llevo de aquí son mis dudas" (p. 45).