Rincón del autor

El clan Fujimori

¿Ser presidente le significó dar el gran paso de profesor a millonario? No olvidemos, por favor, que Chile nos ha colocado el listón de calidad bien alto

Por Abelardo Sánchez León

La historia nos juega malas pasadas y no siempre se sabe para quién trabajamos. Velasco Alvarado, por ejemplo, se tiró abajo la oligarquía en 1968 --representada en gran medida por la familia Prado-- y nunca imaginó que veinte años después sería reemplazada por la familia Fujimori. Los Fujimori son todo un clan: si por casualidad nos olvidamos de Alberto, aparece su hermano Santiago. Keiko, a su vez, se presenta como la carta del futuro, como diciéndonos ¡hay fujimorismo para rato! A todos ellos, los más mediáticos, se les añade las hermanas Juana y Rosa (involucradas en el tema de la ropa donada) e, incluso, el cuñado Víctor Aritomi, el hombre de los Fujimori en el Japón, donde fue durante una década el inamovible embajador del Perú.

Santiago Fujimori se ha atrevido a mencionar al historiador Jorge Basadre para afirmar que en el Perú siempre hubo corrupción y justificar, académicamente, digamos, de ser posible, la que se organizó durante el gobierno de su hermano Alberto. Rara mención. Si mal no recuerdo, Alberto Fujimori no guarda respeto por ninguna figura peruana pública y dudo mucho que su hermano Santiago haya revisado algún libro del historiador tacneño.

Alberto Fujimori tiene una estrategia familiar. Keiko se presenta como la imagen maternal, la que sufre, llora y cuida los intereses de la familia. Santiago es el político, quien dará la batalla en el Congreso, el creador de la Sunat y quien perdió, allá en su momento, el control interno de su agrupación con Montesinos. Como Alberto y Santiago son idénticos, piensan igual y tienen la misma escala de valores, es decir ninguna, incluyendo el rictus a la hora de la sonrisa, resultan intercambiables. Santiago opina como si fuera Alberto y lo representa en las conferencias y entrevistas. Keiko encarna simultáneamente el papel de la hija embarazada, de la esposa extraviada, de la primera dama que fue y de la futura candidata.

La familia Prado fue la cabeza de la oligarquía financiera. ¿De qué lo es el clan de los Fujimori? ¿De dónde se origina su reciente fortuna? ¿Dónde la esconden para solventar sus innumerables gastos políticos? ¿Su gran inversión fue acaso capturar, controlar y abusar del Estado? ¿Ser presidente le significó dar el gran paso de profesor a millonario? No olvidemos, por favor, que Chile nos ha colocado el listón de calidad bien alto. Nuestros jueces, políticos, empresarios y periodistas, sin vínculo alguno con la corrupción, deben garantizar una conducta independiente y a la altura de las expectativas nacionales e internacionales. No olvidemos que el clan se defiende con garrotes. Nuestra obligación es desnudarlos con la verdad. Y si uno está dispuesto a conocer la verdad, debe estar preparado para lo inesperado.