DECLARACIONES. Fundación Juan March

Vargas Llosa no controla su obra

EL ESCRITOR REVELÓ QUE LOS TEMAS DE SUS OBRAS SE LE IMPONEN A PARTIR DE EXPERIENCIAS DE VIDA Y DICTADOS QUE PROVIENEN MAYORMENTE DEL INCONSCIENTE. LA DOCUMENTACIÓN ES FUNDAMENTAL PARA ÉL

MADRID [EFE]. El escritor Mario Vargas Llosa no elige los temas de sus novelas ni los de sus obras de teatro, sino que estos se le imponen a él a partir de experiencias vividas, puntos de arranque generalmente inconscientes de los que surgen grandes obras, como "La Fiesta del Chivo" o "Travesuras de la niña mala".

El peruano, que inauguró ayer las actividades culturales del próximo curso de la Fundación Juan March, en Madrid, con el ciclo de conferencias "Poética y narrativa", explicó cómo algo que por alguna razón desconocida queda almacenado en la memoria a veces empieza a "generar un fantaseo" que puede terminar en una novela o una obra de teatro. Al tratar de explicar en su conferencia el profundamente misterioso proceso de sus obras, el autor de "La ciudad y los perros" confesó que suele tener la sensación de que solo controla una parte de él y en el resto intervienen elementos espontáneos e imprevisibles que no dejan de sorprenderlo.

Si aquella fantasía de su memoria perdura e insiste durante un tiempo, Vargas Llosa comienza a tomar notas y trata de establecer trayectorias para los futuros personajes, y forma así un esqueleto de la novela en el que su mayor preocupación reside en el devenir de los protagonistas.

¿Dónde arranca un personaje? ¿Hacia dónde camina? ¿Dónde termina? Son las preguntas a las que trata de contestar antes de comenzar a documentarse y, definitivamente, a escribir, tareas que desarrolla simultáneamente.

La documentación es para él una herramienta fundamental que lo familiariza con el mundo que va a 'inventar', aparte de resultarle muy útil, pues constantemente le suscita imágenes e ideas que incorpora a la novela.

Vargas Llosa, premio Príncipe de Asturias en 1986, escribe siempre un primer borrador sin pararse a reflexionar ni corregir, a vuelapluma, porque sabe que "esa porquería" es "un puro caos, un magma".

Tras este ensayo de novela, en el que siempre siente inseguridad, esta desaparece y empieza a divertirse como un loco, porque lo que realmente le gusta a Mario Vargas Llosa no es escribir, sino reescribir, editar, corregir, descolocar y recolocar la novela.

"Una vez que tengo el borrador tengo que fundir la técnica y el tema con lucidez", aseguró el escritor, quien confiesa haber descubierto que una novela es también una obra de arte, un artificio cuidadosamente elaborado, gracias a la lectura de las obras de William Faulkner.

Pero su lectura definitiva, gracias a la que vislumbró qué clase de escritor quería ser, fue la de "Madame Bovary", pues lo sedujo la teoría de la palabra justa de Flaubert.

Vargas Llosa aseguró que solo termina una novela cuando ve que si no acaba con la historia, la historia acabará con él.

"Si veo que si sigo corrigiendo, la voy a estropear más, pues yo ya no puedo hacer más por esa historia y decido cortar", afirma Vargas Llosa, y agrega que es un momento doloroso, pues cuando los personajes de una novela terminada se alejan de él para irse a los lectores, el escritor siente una sensación de orfandad.