EL VELASCATO LLEVADO A LA LITERATURA

El poder y las hienas

La tercera novela de Jorge Eduardo Benavides, que lleva por título Un millón de soles (Alfaguara), llegará muy pronto a librerías. Según el escritor peruano radicado en España, se trata de la ficcionalización de un período muy fértil en términos narrativos: una dictadura contradictoria hasta el extremo, plagada de situaciones inverosímiles, reputaciones vencidas y decepciones a gran escala. Conversamos con él.

Jorge Eduardo Benavides (Arequipa, 1964) ya tiene experiencia en esto de narrar episodios históricos sumergidos en el universo de la ficción. Recordemos que en el 2000 publicó Los años inútiles, su exitosa primera novela, un relato que conjugaba, en un contrapunto de vértigo, espacios sociales y espacios íntimos de lo que fue la vida de los peruanos en los turbulentos últimos años del primer gobierno de Alan García. Luego vino El año que rompí contigo (2003), que es una visión aún más lúgubre de la Lima de esos años, y que cuenta la historia de un grupo de personajes que le dan la espalda a la realidad y que, lentamente, son devorados por ésta, sin piedad ni remedio.

Sabemos que la novela se inicia con la caída del primer Gobierno de Belaunde. También que de alguna manera gira en torno al velascato. ¿Qué había en ese específico contexto histórico que te interesó tanto narrar?, ¿funciona acaso esa época como un reflejo o un resorte de las cosas que suceden en el Perú -en la Latinoamérica- de hoy?
-Sí, precisamente lo que me interesó de esa época era rastrear la génesis de la situación política y social actual, no sólo en el Perú, sino en Latinoamérica. Aunque el contexto de la novela es la dictadura militar, en realidad lo que me pareció fascinante es la venalidad y la laxitud moral de muchos de aquellos intelectuales que se vendieron tan rápidamente a la dictadura y que luego, con el correr de los años, se fueron reciclando en demócratas advenedizos. Gran parte de nuestra política actual, de nuestra sociedad actual, se debe a esa revolución que cambió el rumbo de nuestra historia en muchos aspectos. Digamos que pasamos de guatemala a guatepeor, que es un deporte al que los peruanos nos hemos entregado con tradicional entusiasmo.

¿Se trata de una novela que intenta ser fiel a ese episodio histórico, o parte de él para construir un universo ficticio, regido por algún interés narrativo más específico y personal?
-Es una novela que utiliza como punto de partida la realidad, pero al final es una novela, está construida sin perder de vista que es una ficción, que los personajes son trasuntos de los reales y que las situaciones también son muy parecidas a las situaciones reales en las que se basan, pero nadie debería leerla como un libro histórico. Me pareció una etapa muy fértil literariamente: una dictadura esperpéntica, ni de izquierdas ni de derechas sino todo lo contrario, llena de contradicciones y situaciones rocambolescas, a tal punto que mientras investigaba me iba diciendo que era imposible narrar todo aquello sin que los lectores pensaran que se trataba de realismo mágico: esto es realismo trágico, me dije.

¿Cómo has trabajado para construir al General Juan Nolasco?, ¿has recurrido a fuentes bibliográficas, a algún trabajo de investigación en particular, o has tallado al personaje más desde un ámbito ficcional o especulativo?
-Esta es la novela en la que me más me he documentado: durante tres años husmeé en bibliotecas de Lima, Madrid y Nueva York, en cuanta hemeroteca encontraba... aprovechando sobre todo mis viajes a Lima. Hice muchas entrevistas y averigué absolutamente todo lo que pude sobre aquel periodo de nuestra historia. Sin lugar a dudas las crónicas de Thorndike y de Baella Tuesta me han servido de manera fundamental, porque aportan datos muy jugosos, pero también toda la prensa de la época, que ningún peruano debería dejar de leer cada vez que le cruce por la cabeza votar por Humala.

¿Cuál es el tema de fondo en la novela?, ¿se trata acaso de una reflexión sobre una serie de procesos políticos y sociales como la migración y el intento de reivindicaciones nacionales o es más bien una mirada a un personaje, a sus deseos, a sus vínculos con el poder?
-Aunque es una novela de sesgo político, en realidad lo que más me interesaba enfocar es el aspecto humano. No creo que se trate de una novela sobre el dictador, sino más bien sobre el entorno, sobre la diligencia frenética con que muchos se lanzan a medrar cuando hay una oportunidad, sobre las pugnas más o menos secretas que se ponen de manifiesto en el momento oportuno y que en el caso concreto de aquella dictadura dejaron de manifiesto la debilidad de muchos de nuestros intelectuales, de periodistas y profesores universitarios, de gente de la que creo que todos esperaban un comportamiento mínimamente digno. Pero bueno, ¿con Fujimori pasó lo mismo, no? (D.O.)