LIBROS

Una inversión de la conquista

La incesante búsqueda del otro

Por Gabriel Icochea Rodríguez

4Federico Andahazi
EL CONQUISTADOR

Planeta
Buenos Aires, 2007
S/. 49

Federico Andahazi ha construido su obra en base a una exploración tenaz de la historia. Con El anatomista ingresó en el exquisito período renacentista y con la Ciudad de los Herejes hurgó en el misterioso Medioevo. Ahora, con El conquistador, penetra en el lado oscuro de los vencidos. Su personaje, Quetza, es un guerrero mexica que sobrevive a un sacrificio humano y emprende, en su madurez, un viaje alrededor del mundo.

Más que de una trama, el libro de Andahazi parte de una hipótesis posible. La novela no pretende imaginar como hubiese sido una conquista a la inversa. Quetza piensa en la conquista del mundo nuevo (Europa) y traza una estrategia, pero todo se frustra. Sus pretensiones se ahogan con todos los objetos que trae luego de un largo viaje. La historia es absolutamente factible: un navegante o un aventurero mexica podría haber viajado trayectos largos y encontrado en su camino novedades sorprendentes sin realizar jamás ninguna expedición guerrera contra Europa. Habría tan solo advertido -como menciona el libro- una inevitable empresa conquistadora desde cualquiera de los dos lados.

La novela sigue la línea de una pregunta constante acerca de la debilidad del eurocentrismo. Occidente puso las reglas desde el descubrimiento y la conquista de América y estigmatizó como salvajes a sus pobladores por la práctica de sacrificios humanos. Sin embargo, Occidente sobran ejemplos semejantes. Quetza observa un dios que exige iguales ofrendas y un culto religioso con muchos iconos. Así, la inquisición quemando herejes equivale al culto del dios Huitzilopotchtli (a quien se ofrecían vidas humanas) o los santos adornando las iglesias delata un politeísmo en ciernes.

¿Cómo sería vista la cultura Occidental por un mexica perteneciente a la élite? Esta pregunta pretende ser absuelta por Andahazi. El acercamiento desde una óptica que reprueba una moral sexual represiva o que considera la vida palaciega como un ambiente repleto de intrigas, es parte del balance de una cultura que puso sus reglas en la medida en que se impuso militarmente, pero cuya consistencia nunca tuvo ventajas.

Pero la novela de Andahazi es además la puesta a prueba de una hipótesis factible en la historia: las culturas siempre han contenido varias tradiciones luchando por predominar. Quetza, no es partidario de los sacrificios humanos; él y su padre los reprueban. Su partido es por Quetzacoalt, dios de la vida, y no por Huitzilopotchtli, dios de la muerte. Entonces hallamos que el prejuicio eurocéntrico no implicaba la idea del salvajismo, sino una visión monolítica sobre el otro en general. La simplificación cultural es un ideal colonial cuestionado por el autor.

El conquistador, sin embargo, cae por momentos en un candor excesivo. Esta impericia es comprensible en la medida en que el autor pretende ubicarse en una perspectiva que le es únicamente prestada. Sin embargo, la descripción de ambientes, objetos y personajes, tiene momentos afortunados. Los datos históricos bien combinados, adquieren una verosimilitud que no decae.

Una prueba de ello es el prejuicio europeo, que ve en Quetza y sus seguidores a los enviados de Catay (China), una monarquía de la cual tienen una idea mitológica. Catay es el imperio militar más fuerte del mundo. Su superioridad numérica la convierte en un país casi invulnerable. En una época en la que la pólvora aún no decide la mutación de la guerra, el reino chino conserva un aspecto temible.

La entrada en Catay como un lugar fantasmal es uno de las partes más intrigantes de la novela. La percepción de un mundo que se parece demasiado al de los aztecas es terrorífica para los tripulantes de la nave en la que viaja Quetza. Ese mundo es el de su propia muerte; el reflejo de su misma tragedia.

El conquistador es una novela de aventuras. No se diferencia en nada de los libros de viajes y podría leérsele como el reverso de Robinson Crusoe (Daniel Defoe), pero en clave crítica, lo cual hace más valiosa la óptica del autor. Este enfoque, aunque excéntrico, le hace honor al acercamiento al otro del que tanto se habla en la actualidad.