Por Élida Román
Coinciden en estos días dos exposiciones que parecen originarse en una misma necesidad de momento detenido y mirada retrospectiva, re-visitando el trabajo de dos artistas notables: Esther Vainstein y Susana Torres. Desde puntos distintos, ambas eligen formas y símbolos históricos: una, lo precolombino asociado a la geografía; la otra, iconografías republicanas y contemporáneas siempre alusivas a la historia oficial. "Ofrendas de barro y viento --cadencia y variaciones 2007", desplegada en las salas del Icpna miraflorino, acude a la proyección en video para recordar trabajos pasados y recrea parte de las instalaciones que realizara años atrás. Recopilación que si bien permite recordar a quienes vimos las originales y aproximarse a quienes por primera vez las encuentran, debilita y desdibuja los conceptos originales y pierde aquella atmósfera, entre misterio y devoción, que lograban en su momento. Ejemplo de lo dicho es la utilización de los adobes, de forma cónica trunca, que rodean las columnas de soporte del espacio de exhibición, o la nueva estaquería que en modo alguno alcanza la fuerza y el dramatismo que sí proyectaba el trabajo de 1986. Pese a las posibilidades espaciales de la sala que las alberga, estas piezas compiten entre sí por un protagonismo por el efecto antes que por una oferta conceptual precisa. Los dibujos, en cambio, logran mantener esa excelencia que marcó el comienzo de la presencia de Vainstein en el medio local. Paisajes audaces y complejos, cargados de sentido e impulso, su visión es un reencuentro con una dibujante especialmente dotada, que hace del medio un alarde de preciosismo y certeza. Excelencia que se completa con la presencia de una pintura notable, que hace reclamar mayor conocimiento de esta veta poco frecuentada por la artista. Es un cuadro que impacta por la absoluta austeridad de medios, la exquisita utilización de soporte y medio blancos y el gesto preciso, contenido y elocuente que logra un mundo en sí mismo. No obstante lo dicho, es una muestra que debe visitarse y experimentarse.
En el Centro Cultural Ricardo Palma puede visitarse "El repase", conjunto retrospectivo de obras de Susana Torres. Recordamos su exposición en 1995 y el impacto que causó su discurso sobre "La-vandera", en que recurría a la ambigüedad semántica que la fonética propiciaba, para discurrir, cuestionar, mostrar las contradicciones y rupturas y lograr un proceso reflexivo y crítico sobre la identidad nacional, el mito elaborado, la contraposición de realidad y construcción patriótica, acudía a la cita pictórica y la utilización del símbolo nacional, obras aquí presentes. Más tarde insistió en el propósito, y encontró en los diplomas impresos y los cromos didácticos una nueva cantera que abonaba esa mirada crítica y certera. La que se extendió a la identificación de una búsqueda ansiosa por ese encuentro con la seguridad que proporciona una identidad sólida, en la utilización de la palabra 'inca' como marca para la más variada gama de productos, así como la presentación publicitaria desconocedora de la realidad étnica y cultural. Varias pinturas que recrean cuadros tradicionales, a modo de autorretratos, completan este breve recorrido que permite actualizar la que ha sido una línea clara de una artista aguda y consecuente.
Una muestra especialmente recomendada.