ANIVERSARIO. Constructor de la identidad de Finlandia
HELSINKI [EFE]. El 20 de setiembre de 1957, un derrame cerebral cerró la larga vida del compositor finlandés Jean Sibelius, quien, a caballo entre el romanticismo y el nacionalismo, forjó la identidad de su pueblo con partituras entre lo épico y lo esencial, como "Karelia", "Finlandia" o sus célebres sinfonías.
"Mientras otros ofrecen un coctel de varios matices, yo ofrezco pura agua fría", explicaba Sibelius, nacido en Hämeenlinna el 8 de diciembre de 1865 y que, aunque su vocación comenzó como violinista, acabó creando una obra musical que se encuentra entre las más personales e influyentes de finales del siglo XIX y principios del XX.
Su aproximación teórica a la música fue estricta y buscaba con afán el purismo en la composición, la esencia en el sonido, que, aunque inspirado en la naturaleza, tenía soterrada una compleja estructura que hizo que sus siete sinfonías lo convirtieran en maestro. "Me gustaría que los finlandeses tuviéramos un poco más de orgullo. ¿De qué tenemos que avergonzarnos?", afirmaba, en un tiempo en el que Finlandia todavía era gran ducado de la Rusia zarista.
Así, hasta su independencia, el 6 de diciembre de 1917, Sibelius ya había compuesto algunas de sus grandes piezas alrededor de mitologías, sentimientos y componentes paisajísticos de su patria.
Una de sus primeras composiciones relevantes, la obertura "Karelia" (1893), hacía referencia a una región situada en la frontera con Rusia, mientras que para la suite "Lemminkäinen", del mismo año, se inspiró en la epopeya "Kalevala" (1842), que asentó la lengua finesa entre la población. En la biografía que Karl Ekman escribió sobre Sibelius, este reconoció que "siempre he odiado todo tipo de discusión principiante sobre política, hablando de manera superficial. Yo he intentado contribuir de otra manera".
Así, en lugar de mensajes belicistas o propagandísticos, el compositor del "Vals triste" apostó por una música más recogida e intimista, más coherente con el carácter de su gente o la majestuosidad de sus escenarios naturales. Por ello, en 1903 se instaló con su mujer Aino (con la que se casó en 1892 y tuvo seis hijos, uno de ellos fallecido en 1900 de fiebres tifoideas), en la tranquilidad rural de Ainola.
Al igual que Tchaikovski, al que reconoció entre sus influencias, exprimió el poder inspirador de las aves, hasta reconocer que "no he encontrado nada en este mundo, ni en arte, ni en literatura, ni en música que cause en mí el mismo efecto que esos cisnes, grullas y gansos. Sus sonidos son esencia".
"Fue necesario para mí irme de Helsinki, mi arte requirió otro entorno. Allí todas las canciones morían dentro de mí", escribió alguna vez el famoso compositor.
Sibelius era asediado por un carácter que combinaba el genio con el tormento y que lo sumió en una dependencia del alcohol y del tabaco que, ya en 1909, le produjo un cáncer de garganta, la misma enfermedad que atacó al padre del psicoanálisis, su coetáneo Sigmund Freud.
"Siempre sufro un período de depresión en invierno, cuando los días se hacen cortos. Pero también me doy cuenta de que en esa depresión surgen las ideas, el trabajo real mejora y mis espíritus se elevan".