Hay congresistas del Apra que pisan cáscaras de plátano y pueden resbalar más de una vez
Por Juan Paredes Castro
Nadie con dos dedos de frente comprende cómo algunos parlamentarios del Apra pueden perder preciosas horas ocupándose de respuestas tontas a preguntas impertinentes.
¿Es posible indultar o amnistiar al ex presidente Alberto Fujimori?
Esta pregunta ha brotado naturalmente de las canteras del fujimorismo, con la misma aparente ingenuidad de quienes, al intentar contestarla, acaban por dar opiniones absolutamente desconcertantes.
Los parlamentarios oficialistas, entusiasmados con el tema, han elaborado una serie de teorías políticas y jurídicas, en el sentido de que el gobierno del Apra no indultará ni amnistiará al ex presidente recientemente extraditado y hoy convertido en inculpado ante la justicia peruana.
Nada justifica tampoco el supuesto de que los parlamentarios quisieran usar mediáticamente esa negación para simplemente dar la impresión de firmeza gubernamental frente a las expectativas fujimoristas.
Para que lo sepan bien, no se trata de que el Gobierno quiera indultar o amnistiar, mediante la vara mágica de su sola voluntad. Ambas figuras jurídicas, relacionadas con la concesión de la libertad de quienes enfrentan procesos judiciales o sentencias, se rigen por sus propios preceptos y requieren la intervención de fueros adecuados, bajo estrictas condiciones de aplicación.
En primer lugar, una amnistía, que supone el olvido de los delitos, solo puede otorgarla el Congreso. Y nadie podría imaginar una convocatoria a sesión de este Congreso para votar la amnistía de Fujimori. Es más: los siete delitos por los que el ex mandatario ha sido extraditado bastan y sobran para hacer inviable cualquier proyecto de amnistía, a menos que vivamos tiempos autocráticos para imponerla, como la amnistía impuesta a los integrantes del Grupo Colina.
En segundo lugar, el indulto solo procede para quien está sentenciado, pues de lo contrario no habría razón para materializar lo que, en esencia, es un perdón. Esto no descarta la posibilidad de que este o cualquier otro futuro gobierno quiera (aunque no deba) indultar a Fujimori. Pero para que esa posibilidad sea realmente cercana, este tendría que estar sentenciado. De nada valdría, por ejemplo, indultarlo hoy por una sentencia, cuando dentro de poco sobrevendría otra y otra. Y la verdad es que, en su caso, ni siquiera procede la prescripción. Fujimori y todos sus procesos recién están en el partidor de una larga carrera en los tribunales.
Tomemos pues más seriamente las cosas en el caso Fujimori, que es, a todas luces, un caso judicial, indudablemente rodeado de ruido político.
Quienes menos deben prestarse a ser marionetas de este ruido son los parlamentarios.