SANACIONES. En la terapia Galli los jóvenes en riesgo de violencia y abuso actúan sus propias historias y asumen los roles de sus parientes y oponentes como en un interactivo cuento de hadas. Fiorella Kollmann y Erika Quispe son las propulsoras en el Perú.
Por Miguel Ángel Cárdenas
En el método Galli uno puede actuar de príncipe azul... o de princesita roja. También puede caracterizar al mago poderoso... o al hada madrina. Pero del mismo modo tendrá que encarnar al monstruo que aterra la aldea... o a la bruja que se come a los niños. Y darle piel al padrastro malo... o a la hermana envidiosa.
Los mitos y los cuentos de hadas encierran y liberan metáforas de conflictos familiares. Y solo siendo flexibles en los roles, poniéndose en los zapatos del otro uno podría comprender y perdonar a ese padre autoritario o a esa madre histérica, por ejemplo.
Las jóvenes actrices Fiorella Kollman y Karina Quispe viajaron a Alemania para formarse con Johannes Galli, el alemán fundador del método. Fiorella ha dado talleres en correccionales de Colombia y albergues de México. Hoy ella ha dirigido un taller con muchachos de Chaclacayo y Karina en una parroquia de Carabayllo; estos se presentarán el viernes en el hotel Sol de Oro, en Miraflores. Porque luego de asumir todos los roles: los jóvenes --en situaciones de riesgo por la violencia o la drogadicción en zonas pobres-- participan de manera colectiva en la puesta de una obra basada en sus propias vidas.
Ustedes trajeron al Perú la terapia Galli, que hoy empieza a propagarse.
Fiorella Kollmann: Yo empecé en Bola Roja en el 2000, cuando recién se fundaba, y de ahí empecé a hacer talleres con distintos profesores, con Rodrigo Robledo en Brasil, Sergio Claramount en España, con Patch Adams y Susana Parenti. Y trabajé como clown de hospital hasta agosto del 2005... Yo soy actriz y administradora de hoteles y restaurantes. Y trabajé en márketing en una empresa americana muchos años, y ahí es donde empiezo a mezclar el arte con los negocios; y después de eso, por un e-mail de mi hermano, que trabaja en una empresa alemana, me cuenta sobre Johannes Galli y lo que era. Mezclaba clowns y cuentos de hadas, todo lo que me gusta. Galli está trabajando este método desde hace 22 años.
¿Qué tan importantes son los cuentos de hadas en el método?
Fiorella: Los cuentos de hadas y mitos son una herramienta poderosísima, increíble. Son historias con mucha sabiduría, son más antiguas que todos nosotros y tú puedes ver las historias familiares de todo el mundo: madres fuertes, padres débiles o al revés, hijas sin padre, hijos sin madre. Y puedes aprender a superar esos vacíos que tuviste de niño haciendo que actúes estos roles en los cuentos. Porque los cuentos no son historias hermosas, son duras, hay muerte, violencia; pero hay finales felices, coraje, valentía. Si tú actúas tu bruja, tu rey, todos esos roles que tienes dentro, o tu madrastra mala, entonces cuando seas grande vas a manejarlos mejor. Entonces el método Galli te dice: actúa diferentes roles, que normalmente en tu vida no puedes actuar, pero que todos están dentro de ti.
¿Cómo fueron los talleres con el propio Galli?
Karina Quispe: Yo soy abogada de profesión, pero de pronto hace cinco años descubrí el clown. En el estudio empecé a ver casos de niños, de divorcios y de lo que afectaba a los niños, y eso me chocó. Y yo vi que con el clown podía ayudarlos, pero el trabajo me absorbía demasiado, y en eso, recibo la llamada de un amigo que estaba trayendo a Galli, llego y me enamoro del taller de clown terapéutico, no es de escena y es totalmente para ayudar, con proyección social. Fui dejando mi trabajo, viajé a Alemania y hasta a Egipto... y hasta hicimos talleres en una cárcel de Irlanda.
Fiorella: Yo fui a Colombia, para empezar un grupo Galli allá, con el proyecto Act Out, que consiste en que coloques en un escenario a chicos que han vivido en las calles o sufrido abusos. Y que de manera divertida y sincera puedan actuar ese proceso: desde que estaban en su casa escuchando los gritos o siendo maltratados, luego la parte en que ellos se hartan de eso y salen a la calle; pasando por la parte en que piden ayuda porque se dan cuenta de que es absurdo cómo están tratando de solucionar el problema. Y luego pueden actuar la parte en que reciben la ayuda.
¿Cómo se iniciaron los talleres en el Perú?
Fiorella: Empezamos con la institución Ciudad de los Niños en San Juan de Miraflores, que recibe a niños que han vivido en las calles y también a los que no pueden ser mantenidos por sus madres porque tienen diez niños. Fue una experiencia maravillosa. Recuerdo a un chico que nos sugirió hacer de guachimán en la obra, porque ellos inventan personajes; es creación colectiva.
Karina: Pero antes tenemos muchas danzas de meditación que usamos para que la gente se exprese. Existen siete energías que utiliza el método: la de la floja, el tacaño, la coqueta, el chismoso, el bacán, el fosforito y el perdedor. Esos roles maleducados que tenemos desde niños y que los cargamos toda la vida. Y vemos la energía natural de cada uno. La premisa es diviértanse y disfruten...
Pero también debe haber una parte dramática si son niños abusados, con nula autoestima.
Karina: Sí, sobre todo con la última energía, la del perdedor, que es triste. Y vamos hablándoles y van buscando la solución, la encuentran, y hay una luz. Tienen la parte horrible, pero la transforman.
Fiorella: En Bogotá trabajé en una correccional, con chicos de zonas muy pobres y peligrosas. Recuerdo a un chico que era muy tímido y saboteaba el ensayo, metía desorden, desconcentraba a las chicos. Al final fue el mejor actor de toda la obra; hizo de un borrachito. Fue el que hizo más catarsis. Nosotras comenzamos con una presentación: "Me llamo Fiorella, soy una chica normal que no tiene papá, sí una mamá y problemas como todos". Eso ayuda mucho, es una conversación de amigos. En Bogotá está presente mucho el tema de la droga y de las malas influencias. Ellos pidieron poner un reggaetón duro.
¿Y cómo fue tu experiencia en México?
Fiorella: Allá era más la depresión de que no tenían nada más. Salió una obra en la que los dos papás eran muy violentos, los dos pegaban a los hijos. Eran chicos de un hogar que se llamaba San José en el D.F. y actuaron en la plaza de Coyoacán, frente a otros chicos de la calle, y ese es el fin del proyecto: que estos chicos que están en recuperación puedan dar un mensaje genuino a chicos que aún no. Recuerdo al más huraño que odiaba hacer los ensayos. Al final él estaba llorando, era del que menos lo esperaba. Me abrazó y me dijo: "Gracias, porque siento que estoy sacando algo que tenía dentro y que no servía de nada que lo tuviera escondido".
Karina, tú has tenido a cargo los talleres en la parroquia El Señor de los Milagros de Carabayllo.
Karina: Sí, con chicos que han tenido experiencias de mucho riesgo, exposición a drogas, alcohol. Entonces ellos hallaron en la parroquia un lugar donde encontrar ayuda y estabilizarse con sus familias. Cuando los encontré solo reían y gritaban cualquier cosa para no escucharse. El segundo día se dieron cuenta de que todo el ruido que estaban haciendo era para tapar problemas y no abrirse. Empezaron a hacer danzas y los ejercicios de cambio de roles... Y salió una obra con una mamá muy fuerte, loca, que quiere irse, solo ver "Sex and the City" y con chicos quieren hacer algo de familia. Y el papá es un borracho, al que la mamá le pega. Esto fue raro, porque en otros casos es el papá.
¿Y tú, Fiorella, cómo has armado la obra con los chicos de Chaclacayo?
Fiorella: Son dos chicos y cinco chicas del hogar Camino de Vida. Las mujeres son distintas, son más tímidas, porque de por sí la mujer es más emocional. También le cuesta estar en la etapa adolescente; entre ellas compiten mucho, es otro rollo. En la obra hay una mamá que no es la sumisa. Ella tiene una energía fuerte, le reclama su borrachera al marido, pero al mismo tiempo lo ama. Es ese mar de conflictos eternos que tenemos las mujeres en Latinoamérica.
Es muy interesante esa parte del método que aborda el lado oscuro, como parte nuestra y que hay que aceptar.
Karina: Totalmente, porque cuando trabajamos las energías no todas son buenas, pero hay que saber educarlas. El 'fosforito', por ejemplo, la persona que pelea mucho y que tiene demasiada energía y que siempre está discutiendo con todos, tiene un lado bueno. Porque si tú sabes educar esta energía tan fuerte, puedes organizarte, tener iniciativas y trabajar ordenadamente. Si exageras, todo extremo es malo... Hay que recordar también que el hecho de negar el fracaso es peligroso, porque no logramos ver las cosas como son. El clown es el símbolo del fracaso; solo fracasando puedes aprender algo nuevo. Solo aceptando que fracasaste puedes cambiar.
Sé que en escena han logrado que alguien que podía ser rabioso con los demás, más que combatir su rabia pueda sublimar esa energía teniendo rabia contra las injusticias sociales, por ejemplo.
Fiorella: La persona que es totalmente intolerante tiene demasiada energía contenida, y por eso pelea. No sabe qué hacer con tanta energía para dar, cómo canalizarla. Pero si educas esta energía, podría volverse una persona con mucha iniciativa. El individuo que ocasiona soluciones es el que en algún momento originó muchas discusiones.
La idea es invitar a personas de todas las profesiones y actividades, ONG y empresas con responsabilidad social para que "se enamoren" del proyecto y puedan difundirlo como método terapéutico y de ayuda en los sectores juveniles pobres y en riesgo de violencia de la sociedad. "La meta es la flexibilidad en el cambio de roles a través de la actuación y la difusión de la comunicación y educación intercultural en un mundo globalizado".
Los talleres que "buscan jóvenes que vivieron en las calles con la posibilidad de que a través de la actuación cuenten sus historias en su inicio, su conflicto y cómo salieron del problema" son financiados por la Unión Europea.
Informes al 251-7738 o al fkollmann@galli-group.com