Por Eduardo Morón. Economista*
Imagínese que recibe una llamada del presidente García y que le ofrece hacerse cargo de una de las carteras ministeriales que aparentemente quedarán disponibles pronto. En lugar de preguntarle inmediatamente cuáles serán las condiciones bajo las cuales recibirá este difícil encargo, usted agradece la confianza presidencial y cuelga. Abrumado por la novedad, usted opta por no preguntar ni el sueldo ni, mucho menos, cuánto tiempo durará dicho encargo. Gran error. Antes de preguntarle a algún ex ministro que le cuente los detalles que usted debió consultarle al presidente, mira las estadísticas y lo que ve lo asusta. En promedio un ministro en el Perú dura 11 meses en el cargo. Así ha sido desde hace mucho tiempo y lo ha sido para cualquier cartera. Es decir, no hay cartera segura. Lo único seguro es que usted empieza a arrepentirse de haber dicho sí tan rápido.
Póngase a pensar qué puede hacer un ministro que estará en el cargo menos de un año. Probablemente tardará tres meses en acomodarse en el puesto, conseguir un 'staff' de confianza y entender todos los detalles de funcionamiento de su cargo. Para entonces habrá convocado a sus asesores, quienes lucharán por parecer útiles frente a su jefe y vendrá la discusión sobre qué tareas priorizar. Mientras los optimistas pretenderán que el ministro se embarque en tareas de muy largo aliento, otros --con más experiencia-- le propondrán algunas tareas que le permitan tener rápidamente el favor de la población. Discutido y decidido, el ministro empezará a lanzar ideas a las que pronto más de uno se opondrá. Luego vendrá la palabra mal dicha o mal interpretada, un primer error, algo que detone la ira de los congresistas o de algún sector de la población. Si pasa con éxito la prueba, entonces podrá seguir con la agenda planteada, tratando que el presidente compre alguna de esas ideas. Lo cierto es que a duras penas el ministro pasará su primer año en el cargo antes de pensar en qué momento debería dejar el cargo. Serán momentos de angustia y desazón, creyendo que lo avanzado no alcanzó para sentir que valió la pena.
Evaluar la tarea de los ministros puede ser una labor muy compleja cuando la información relevante es escasa. Lo más importante es entender que los insumos no se parecen necesariamente a los productos finales. Me explico. Puedo gastar una fortuna en patrulleros chinos o alemanes, duplicar o triplicar el sueldo de policías, pero ninguna de las dos cosas me garantiza que la gente se sienta más segura.
Por ello, en el índice de Medición y Monitoreo que se publicó el domingo en este Diario, tratamos de enfatizar en los resultados y no en los insumos. En este sentido, el valioso esfuerzo del MEF por introducir dentro del presupuesto la gestión por resultados es fundamental. La idea básica es no gastar a ciegas, sino sabiendo el impacto de dicho gasto.
Finalmente, si algo empieza a ser distinto en este gobierno es que la duración promedio de los ministros ya es más que el promedio histórico y parece que serán solo unos pocos los que se alejen del Gabinete actual. Lo peor que podría hacer el presidente es pensar que los ministros son como las camisas, lavar y usar, que los puede sacar de la tormenta política de su sector y ponerlos en otros como si fuesen nuevos. Así no funcionan las cosas.
* UNIVERSIDAD DEL PACÍFICO