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Por nuestras barbas

Mucho ojo

Por Fernanado Vivas

Quise probar uno pero, de puro cinéfilo con identidad regional, me vi los doce capítulos de la serie "Directores latinos", que pasa TNT. Hay directores cuyas películas me han pasado de costado y capítulos a los que les faltó el testimonio preciso o la anécdota clave, pero el bloque bien vale como un compendio de lo mejor del cine latinoamericano revisado rápidamente por sus autores.

A la cabeza están nuestros mayores barbudos, el mexicano Arturo Ripstein y el argentino Adolfo Aristaraín, quienes repasan algunas de sus películas con la frialdad de los maestros.

Por eso mejor resulta el capítulo de Alfonso Cuarón que, alternado con Maribel Verdú y Diego Luna, cuenta, impúdico, una escena que abochornó a Gael García Bernal en la feliz "Y tu mamá también" (2001). O el del argentino-brasileño Héctor Babenco, recordando, al igual que Marilia Pera, la escena de su clásico "Pixote" (1981) cuando ella, prostituta conmovida por el más célebre de los pirañitas, le deja mamar de su pezón mientras este sufre --o goza-- una regresión infantil.

Tuve que revisar mi desvaído recuerdo de "El hijo de la novia" (2001) al oír a Juan José Campanella evocar la escena auténtica que lo inspiró: su padre, como Héctor Alterio, le dijo que quería volver a casarse con su madre para burlar su Alzheimer.

Y me gustó un poco más "Eu, tu, eles" ("Yo, tú, ellos", 2000) al oír a Lima Duarte y Stênio García contar cómo prepararon para Andrucha Waddington la luminosa escena en la que Stênio afeita a Lima mientras hablan de la intimidad compartida al lado de la polígama Regina Cassé. Y me tranquilicé cuando Alejandro González Iñárritu explicó el método de bozales invisibles que usó para filmar las peleas caninas en "Amores perros" (2000).

Una dulce ironía que recorre la serie: las incursiones de la docena fuera de su tierra tienden a decepcionar. Iñárritu ni se ha acercado a la intensidad de sus 'perros', Fernando Meirelles no ha superado su "Cidade de Deus" (2002), aunque Guillermo del Toro hizo maravillas en "El laberinto del Fauno" (2006). Terminé con el capítulo de Fabián Bielinsky, el único muerto del lote, evocando a "El aura", gran par de horas latinas.

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