Más de 120 muertos y medio millar de heridos deja el atentado. La ex primera ministra volvía a su país tras ocho años de exilio
KARACHI [DPA]. El regreso desde el exilio de la dos veces primera ministra Benazir Bhutto a Pakistán fue ensombrecido ayer por un grave atentado contra la líder opositora, que --según medios locales-- dejó al menos 124 muertos y 543 heridos.
Bhutto encabezaba en la sureña ciudad de Karachi una manifestación horas después de su regreso al país tras ocho años en el exilio, cuando dos bombas explotaron cerca del vehículo en el que se trasladaba.
"Benazir Bhutto era el objetivo, pero no resultó herida", dijo Fauzia Wahab, un alto líder del partido de la líder opositora, el Partido Popular Pakistaní (PPP). Según el canal Al Yazira, un portavoz policial confirmó las declaraciones. Agregó que al menos uno de los coches estalló junto al convoy de Bhutto.
Las explosiones ocurrieron cuando Bhutto se desplazaba hacia la ciudad acompañada en su camino por una multitud, estimada en medio millón de seguidores.
Previamente, en cuanto su avión tocó el suelo de Karachi, su ciudad natal, sobre las 14:00 horas locales, los seguidores de la ex jefa del gobierno se abalanzaron emocionados hacia la aeronave, que todavía rodaba por la pista. Y se les saltaron las lágrimas cuando la presidenta del PPP, vestida con el verde y blanco de su bandera, volvió a pisar tierra patria tras ocho años de exilio voluntario.
A su contrincante, el presidente Pervez Musharraf, le esperan tiempos difíciles. Los comentaristas calificaron el aterrizaje de Bhutto de momento histórico. Ya en la noche previa a su regreso llegaron a Karachi numerosos autobuses, camiones y automóviles.
El bastión de Bhutto bullía desde primeras horas de la mañana. Miles de personas ataviadas con los colores del PPP (rojo, negro y verde) bailaban por las calles, ondeaban banderas del partido y alzaban carteles con la imagen de la presidenta vitalicia del PPP: "Bienvenida, Benazir Bhutto", se leía.
La familia de Bhutto había sacrificado siete cabras negras antes de que esta partiera de Dubái para garantizar su regreso. Pero Bhutto ya había dicho antes de partir que no temía a nadie, excepto a Alá.
EL LLAMADO DE BHUTTO
La ex primera ministra tampoco se había dejado amedrentar por las amenazas de extremistas islámicos. Bhutto había instado repetidas veces al gobierno a adoptar una dura política frente a extremistas islámicos.
El desmesurado recibimiento de Bhutto pone de manifiesto la impopularidad de su rival Musharraf y la debilidad de su gobierno. Mientras que el ex primer ministro Nawaz Sharif fue expulsado a las pocas horas de su regreso del exilio, en el caso de Bhutto ha ocurrido todo lo contrario. El gobierno de Musharraf le garantizó protección frente a las acusaciones de corrupción durante sus dos mandatos, con la esperanza de obtener un pacto con la jefa del PPP y el apoyo de Estados Unidos para que el presidente pueda al menos mantenerse en el poder.
Los miles de compatriotas que esperaban su aterrizaje no quieren más gobiernos liberales ni más extremismo, dijo Bhutto. "Nos duele que la gente tome a los paquistaníes por terroristas que colocan bombas en el metro de Londres y planean atentados en Alemania u otros lugares", señaló.
"Esa no es la verdadera imagen de Pakistán", afirmó Bhutto. La verdadera imagen de Pakistán son las personas que se han congregado en Karachi, que buscan una nación moderada y moderna. "Cuando consigamos la democracia, esa será la cara de Pakistán que verá el mundo".
Educada en Harward y Oxford
Benazir Bhutto es hija del ex jefe de gobierno Zulfikar Alí Bhutto, derrocado por los militares en 1977 y ejecutado en 1979.
Benazir, educada en las universidades de Harvard (EE.UU.) y Oxford (Gran Bretaña), simboliza la oportunidad de pasar a la modernidad y hacer el cambio en Pakistán.
Con su regreso a Pakistán, Bhutto no solo quiere el triunfo de su partido en las elecciones parlamentarias de invierno, sino también desea volver a ser primera ministra. Para sus entusiastas seguidores de Karachi nada importa que en dos ocasiones (1990 y 1996) fuera destituida por los respectivos presidentes, acusada de corrupción y nepotismo. Ya desde el aeropuerto subrayó sus aspiraciones: exigió el fin de la dictadura militar y no se olvidó de recordar que sería un honor volver a servir al pueblo pakistaní. Por eso la quisieron matar.
LA FICHA
El estado islámico de Pakistán tiene 130 millones de habitantes: el 90% sunita y el 5% chiita. Su superficie es de 800.000 kilómetros cuadrados. El producto bruto interno fue de 460 dólares por habitante.