Por Fritz Du Bois
En nuestro país el tiempo se detiene, los personajes políticos son los mismos, el debate de ideas nunca avanza e, incluso, ante la falta de inversión en infraestructura, el panorama físico de las ciudades no varía. Uno regresa luego de un tiempo y es como si nunca se hubiera marchado, ya que nada ha cambiado.
Sin embargo, en esta ocasión el salto al pasado se excedió, hoy tenemos que esperar a un funcionario para que nos contabilice físicamente como si fuera el siglo XIX. Una por una las casas y sus habitantes serán contados, posteriormente sumados, para arribar al número exacto de la población. La metodología es la misma seguida por Ramón Castilla en 1862, lo único que ha cambiado es que se ha multiplicado el número de preguntas así como el costo para realizarlo. Al Estado no le preocupa que miles de negocios --restaurantes, tiendas-- y un mayor número de trabajadores no tengan ingresos por un día simplemente porque el jefe de una entidad estatal no quiere asumir la responsabilidad --evidentemente luego de la crítica presidencial al mal trabajo del anterior-- de hacer igual que el resto del mundo, que es un censo muestral durante un mes o más, a fin de no interferir ni perjudicar. Yo no me imagino a Estados Unidos, por ejemplo, paralizado todo un día solo para facilitarle la vida al empadronador.
Pero en anacronismo el debate arancelario es el campeón, los argumentos a favor de la protección parecen salidos de algún ensayo de los mercantilistas del siglo XVII. Hablar de "solo para bienes no producidos en el país" es negar el fracaso absoluto de las políticas proteccionistas que inhibieron la competencia y con ello solo promovieron complacencia e ineficiencia. Como la memoria es corta, vale la pena recordar el registro de manufacturas de la época de Velasco, cuando cualquier ensamblador decía que iba a producir alguna cosa para que se prohíba su importación y recibía con eso un cheque en blanco para extorsionar al consumidor. Llegamos a tener los carros más caros del mundo con lo cual la 'revolución peruana' logró hacer de ellos un privilegio solo para los que tenían mucho dinero o un alto puesto en el Gobierno. Hoy la propiedad de automóviles se ha democratizado y se debería seguir fomentando.
De otro lado, desde que se inició el desmantelamiento del muro arancelario hace 16 años, siempre el presidente de turno de un gremio manufacturero predice quiebras generalizadas y masivo desempleo, que nunca se materializan, pero tiene todo el derecho al pataleo. Sin embargo, al de los exportadores --que son los más beneficiados con la liberación-- la verdad que no lo entiendo. Menos comprendo la ausencia de la autoproclamada asociación del consumidor que siempre está presente cuando hay cargamontón contra alguna empresa pero ahora no dice nada sobre el beneficio a sus supuestos representados ni cuestiona que sigan siendo ellos los perjudicados con el arancel más alto que se ha dejado, el de electrodomésticos, justo antes de Navidad y el regalo.
Pese a las predicciones apocalípticas, la manufactura continúa siendo, como en el 91, el 16% del PBI, el cual hoy llega a 100 mil millones de dólares, más del triple del de entonces. Incluso la industria se ha fortalecido ya que se han reemplazado ensambladores ajustando tornillos de kits desarmados o farmacéuticos poniendo en frascos pastillas o polvos que han importado, por sectores exitosos que requieren mucha mano de obra y dan valor agregado, como el textil o el agroindustrial, los cuales se han modernizado y son liderados por un empresariado renovado que no se siente atado a tener que seguir cometiendo los errores del pasado.