Edición impresa

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google

Las obras de arte de Karen Mitre

Sus carteras ya se exhiben en Tokyo

Por Antonio Orjeda

¿Alguien duda de que Lucía de la Puente sabe de obras de arte? El fin de semana, ella, que en su galería expone lo último de Ramiro Llona, paseaba por La Punta. Lucía llevaba una cartera de Karen Mitre; y este no es más que uno de los tantos pequeños detalles que a Karen le están demostrando que valió la pena haber mandado sus miedos al diablo.

Todo empezó cuatro años atrás. Hoy Karen Mitre es otra. Su nombre ha dejado de representar a solo una esposa y madre de tres chicos. Su nombre, además, es hoy sinónimo de carteras y accesorios de extraordinaria calidad.

¿Cómo es eso de que usted sale cargando una de sus carteras y regresa a casa con una bolsita?
Me ha pasado. Qué pasa: mi producción no es grande, no soy una fábrica. Todo es artesanal. Mis carteras demoran tanto en hacerse, las hago con tanta paciencia, que de repente agarro una y digo: ¡esta me la quedo! La uso, pero ¡me la piden! "Mira que está usada". No les importa...

Empezó hace solo cuatro años. Ahora está en Tokio; sus carteras se las llevan a Rusia, Italia, Nueva York. ¿Lo esperaba?
Yo empecé como jugando. Mi marido me decía: Gorda, ¿por qué no haces algo? "Pero ¿cómo empiezo?". A mí me daba vergüenza vender; ¡hasta ahora tengo vergüenza de cobrar a mis amigas! Tú eres creativa, me decía. No sé si es herencia, don o no sé qué, pero siempre he sido creativa.

Finalmente, se mandó. Tengo entendido que al principio tenía miedo de que le dijesen que su trabajo era feo.
Sí, tenía miedo. Creo que le pasa a mucha gente. Pero no, ahora te aconsejo y te digo: ¡arriésgate!

¿Por qué carteras?
Porque soy recontrafanática de las carteras y los zapatos. Pero ahora ya no compro carteras.

Usa solo las suyas.
Un día me desperté y dije: ¡voy a hacer carteras! Yo había ido a una feria artesanal, y como siempre cojo tarjetas, abrí mi cajón y me encontré con la de una señora que hacía carteras, y dije: voy a probar; y me hice una.

Nunca antes lo había hecho.
¡En mi vida!

Ensayó con sus carteras...
Desarmé carteras finas, nunca más las pude volver a armar. Era la única forma de aprender. Yo estudié diseño gráfico, tengo idea de color, equilibrio, moda, pero ¿hacer una cartera desde el molde? ¡Yo no sabía ni coser!

Su trabajo, sin embargo, sorprendió nada menos que a Sitka Semsch. Bastó un par de carteras para que ella decidiera llevarla a su muestra en Rusia.
Yo había acompañado a su taller a una amiga para que le hiciera un vestido. Ella le había hablado de mí. Yo estaba con una de mis carteras, normal. "Tú eres Karen, eres una trome, ¡algún día vamos a hacer algo!". Pasó abril y nos juntamos. Me contó que iba a presentar una colección en Rusia. "Dime los colores que vas a utilizar". No la volví a ver hasta el día que le entregué las cosas... ¡Parecía como si lo hubiésemos planificado! Ese mismo día ella se iba a Rusia. No sé cómo salió eso de ¡vámonos! Ella fue bien buena gente porque ni me conocía. Yo podía haber sido una antipática. Al día siguiente me trepé al avión: sola, llorando. Tenía miedo. No conocía a Sitka. Ahora parecemos hermanas; y lo bacán es que no somos competencia, sino complemento.

Aprendió de ella.
¿Sabes qué me enseñó? Ella es organizadísima. Sitka me dijo: enfócate bien en lo que quieres: ¿quieres quedarte como artista y producir poco? "Karen, nunca tengas miedo de que te copien. ¡Nadie sabe de lo que es capaz tu creatividad!". Yo tenía miedo; ahora no.

Sitka Semsch le dio el espaldarazo para que entrara a Rusia. Pero sus carteras ahora están en Tokio, y eso usted lo ha conseguido sola.
Ocurrió porque una modelo me compró carteras y se las vieron. ¡Lo mío ha sido pasada de voz! Yo no he hecho mucha publicidad.

Usted no tenía la necesidad económica de hacer esto...
Pero sí quería sentir que podía sola, que no tenía que estar pidiéndole a mi marido.

Casada, tres hijos, una vida tranquila. ¿Por qué se mandó?
Claudia Abusada, mi amiga desde que éramos chiquitas, tampoco tenía la necesidad y comenzó a maquillar. Yo vi eso. Un día me dijo: Karen, vámonos a Nueva York. Nos fuimos y nos pusimos a comprar. Me sentí una hueca porque yo gastaba y la vi a ella (tipo emprendedora) cómo averiguaba y compraba lo que necesitaba para su trabajo. Yo pagué 40 dólares por un lápiz de labios y ella me dijo: ¿eres bruta? Ella también decía que yo era creativa. Entonces dije: voy a hacer algo.

Pero en Lima aún hay mujeres que viven de su marido.
Las mujeres estamos cambiando un montón. Hace unos días, una muy buena clienta mía --que no necesita ¡nada!--, me dijo: tengo que hacer algo. Y está detrás de mí; me pregunta, ¿me entiendes? Yo me siento bien; esto me da satisfacciones.

Precisamente, hacer empresa, que su trabajo sea reconocido, ¿cuánto la ha cambiado?
Ahora me siento con una personalidad que no me la quita ni mi marido, ¡que sabe más que yo de finanzas! Puedo tener dudas, pero al final decido yo. Ya no me dejo llevar.

¿Cómo lo han asimilado sus hijos?
Olvídate, ¡mi mamá es una genio!

¿Qué se siente?
Bien... y más lindo cuando salgo a la calle y de repente veo una cartera mía. ¡Me han parado porque les gusta mi cartera! Por eso estoy pensando que ya es tiempo de poner una tienda.

Viviendo estos resultados, ¿se ha cuestionado por qué no empezó antes?
¿La verdad? Yo tengo una hija que requería de mucha atención y que ahora está 'reina'. Imagino que fue por eso; y por miedo, también.

Comenzar cuando ya era madre de tres chicos debe haber hecho más difícil la decisión.
Exacto. Si bien empecé cuando el menor tenía 7 años, ahora ya no me dan tanto trabajo. La segunda (la que más me hizo patalear) ahora es completamente independiente.

Ese viaje a Nueva York con su amiga le cambió la vida.
Sentí admiración por ella. Dije: ¡yo también puedo! Además, somos tan parecidas; ¡a ella también le da vergüenza vender! Entonces: si ella se ha atrevido y es más 'gansa' que yo (ríe)...

Se sentía improductiva.
Sí... Solo me dedicaba a gastar.

¿Y ahora?
Ahora me siento lo máximo. Superproductiva. Ya no le tengo que pedir a mi marido, ¡es con mi misma plata que ahora estoy invirtiendo!

Su relación con él además se debe haber afianzado.
Cualquier cantidad. A veces falta efectivo y pongo yo, y me siento bien. Ya no uso su tarjeta de crédito para comprarle su regalo. ¡Estoy contentísima!, y yo creo que se me nota.

Sin embargo, existe el prejuicio. Hay quienes deben decir: ella tiene plata, ¡así cualquiera!
Y no es así, porque para empezar no necesitas invertir tanto dinero: empecé haciendo una cartera ¡usando cosas mías! Se necesita creatividad. No sé cómo vaya a sonar, pero te juro que si me pongo a hacer calzones, ¡los vendo!

Eso lo siente ahora que se ha dado cuenta de todo lo que es capaz de lograr.
Me he dado cuenta. Antes no lo notaba.

No hay nada como arriesgar.
¡Arriésgate! Mi marido me lo repetía a cada rato: miedo se tiene cuando robas, cuando haces una cosa mala. Por eso te digo que si ahora me pongo a vender calzones, ¡los vendo! Yo creo que mi trabajo me ha dado seguridad. Si no me hubiera lanzado, no lo habría sabido nunca.

LA FICHA
Nombre: Leyla Karen Mitre Giha.
Colegio: Reina de los Ángeles.
Estudios: Diseñadora gráfica del Instituto Toulouse Lautrec.
Edad: 36 años.
Cargo: Propietaria y gerenta general de Karen Mitre.

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google