SI LLEGA UN CLIENTE Y ESTÁ JUGANDO LA XENEIZE, CONTRA SU VOLUNTAD APAGARÁ LA TV. ÉL, EMPERO, SEGUIRÁ EN LA CANCHA... ASÍ ES Y ASÍ SERÁ (POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS)
Por Antonio Orjeda
Creció en el barrio de Villa Crespo. "A 7 kilómetros de la Bombonera", precisa. Hernán tiene 32 años. Tenía uno cuando su papá y su abuelo lo llevaron a la cancha por primera vez. Tenía 2 cuando lo hicieron socio del club por el que más de una vez se ha batido a puñetazos.
"A Boca yo lo he seguido a todos lados. De los 14 a los 18 he ido a todos los estadios, ¡los conozco todos! Íbamos en micros, hasta 14 horas de viaje he hecho para ver a Boca".
Y cuando jugaba en la Bombonera, es obvio, Hernán hinchaba desde adentro, desde "la 12". Eso sí, iba con la ropa más vieja, con la más rota que tenía. "Los muchachos no tienen bandera en ese sentido: primero está el billete". Hasta con la pierna enyesada ha ido; y como ese día llovió, se cubrió el yeso con una bolsa de basura. Boca está antes que todo.
"La hinchada está determinada por la familia. Si uno ve al papá de uno gritando, volviéndose loco, no perdiéndose un partido así sea por la televisión o la radio... Él nos llevaba al parque para que lo dejáramos escuchar su partido. Uno va mamando eso, y cuando Boca salía campeón, nos íbamos con banderas al Obelisco".
En abril del 2005, en el Nacional, en Lima, Hernán lo vio golear al Cristal. 3-0. "No pude gritar los goles, me hubieran matado".
ENFERMEDAD TOTAL
Ninguna década como esta última. Nada como los primeros años con Bianchi como entrenador: 40 partidos invictos, tricampeones de La Libertadores, dos copas del mundo. Su emoción es indescriptible cuando en Lima, Santiago o México ve a chicos con la xeneize.
Hernán quisiera, se la han regalado, pero le es imposible. "No me puedo poner la camiseta de Perú. Yo no voy a tener una camiseta blanca con una franja roja, nunca. Sería una falta de respeto... A ese punto llega el fanatismo y 'la contra' con River".
Respeto, ese es el punto. "Yo tengo ahijados y les regalo la camiseta del cuadro de sus padres, porque sería casi un sacrilegio que si vos eres hincha de un cuadro, tu hijo no lo sea también".
Esto es una enfermedad, reconoce. "Uno cambia de religión pero no de cuadro". Su mujer lo tuvo que hacer. Se casaron y ella dejó de ser de Lanús.
"El marido tiene que estar contento, así que es mejor que gane el equipo del marido".
Tiene dos hijas y está claro: no habrá drama si no hinchan por su equipo. "Pero si se da que tenga un hijo, será de Boca de todas maneras. No tiene opción". Hernán es el capitán de la filial local de Warner y Fox y juegue con quien juegue, él deja la chamba y se prende a la tele o a Internet. "Los domingos, si juega Boca, mi familia sabe que no voy a ningún lado: el partido se mira".
Sí, ha visto jugar a Maradona con la xeneize, pero cuando ya se drogaba; para Hernán no hay como Riquelme y no hay once como Boca. "Si vos me preguntas: ¿Boca campeón de la Libertadores o Argentina campeón del mundo? ¡Boca campeón, ni punto de comparación!".