Soñando fútbol
Por Jorge Barraza. Periodista
"Manco es extraordinario", declaró Flavio Maestri. Estamos totalmente de acuerdo. Disentimos, eso sí, en la reiterada postura de que "hay que llevarlo de a poco". No hay una regla para 'llevar' a los jugadores. La clase de un futbolista determina cómo conducirlo, rápido o despacio.
Es bueno que ya esté divulgada la nómina de Perú para los juegos con Brasil y Ecuador. No figura Manco, de modo que puede abordarse el tema con higiene quirúrgica. Nadie podrá decir que se pretende 'meter' a Manco en la selección.
Reimond Manco puede jugar perfectamente esta Eliminatoria. Más: podría enfrentar a Brasil y ser la figura de la cancha. Estamos frente a un crack, un joven absolutamente diferente a otros que pueden ser buenos, regulares o malos. Está hecho de la misma madera que Sotil y Cubillas. Está por encima de la inmadurez. Su fútbol contiene una profundidad que traspasa el obstáculo de la edad.
Si el tema controversial es ese, la edad, digamos, pues, que la convocatoria de un jugador no la decide el almanaque sino la capacidad.
"No llamemos como salvador a un chico de 17 años", refiere otro tedioso lugar común. Nadie le pedirá a Manco ser el salvador de la patria, simplemente se sostiene que está facultado para jugar. Y brillar.
Sobre todo en estas limpísimas Eliminatorias actuales. Hemos visto, completos, los diez primeros partidos de este prólogo hacia Sudáfrica 2010. No hubo una entrada alevosa, un codazo, una acción amedrentadora. Podríamos citar el Chile-Perú como el encuentro más áspero, aunque más encendido por la tradición que por la saña. Aquellas guerras del pasado no tienen lugar con el reglamento actual. El futbolista sabe que no puede pegar porque se va. Un tironcito de la camiseta, una manito o una zancadillita de atrás y afuera. Además, a diferencia del pasado, los expulsados ya no se van aplaudidos (idiotez que quedó fuera de uso). Ahora se enfrentan al escarnio; hasta pierden el puesto por una tarjeta roja.
Este jueves charlábamos con Carlos Caszely, aquel sensacional atacante chileno (curiosamente debutó a los 15 años en Colo Colo en un amistoso y se consolidó en Primera a los 17). Comentaba: "El fútbol de antes era más lento, pero mucho más violento. Pongo un solo ejemplo: el partido Portugal-Brasil del Mundial 66, cuando le dieron a Pelé cuarenta mil patadas. Eso hoy no tendría lugar".
Cada vez que Pelé iba a tomar contacto con la bola, dos portugueses le pegaban hasta casi herirlo. El árbitro miraba complacido. Fue una cacería, una carnicería de las habituales en esa época. Habría que pasarles a los jóvenes el video de aquel bochorno. Les parecería insólito, irreal.
Si Manco ratifica lo que insinúa, será un grande del fútbol. Más que Farfán o Guerrero. Está en él concretarlo. No hay peligro de 'quemarlo' porque lo llamen a la selección. El verdadero crack está a salvo de esas pamplinas, no tiene limitaciones mentales; justamente por eso es crack. Si está bien físicamente, entra al campo, la rompe y punto. Si no lo consigue, entonces no tenía la dimensión que imaginábamos.
Todos los grandes talentos de la historia fueron precoces. No hace mucho, el 'Pato' Pastoriza lanzó al campo, en un partido de Copa Libertadores, a Sergio Agüero con 15 años. ¿Qué riesgo podía entrañar si ya era, por muy lejos, el mejor valor de Independiente? A los 18, Agüero iluminaba el cielo del Atlético de Madrid. Y a los 19, encarna la esperanza de la nación colchonera de volver a ser grande.
En mayo de 1978, con 17 años y 8 meses, Diego Maradona era por escándalo el mejor jugador del mundo. César Luis Menotti lo excluyó de la lista del Mundial. Le impidió a toda la comunidad del fútbol ver a un astro inigualable en su momento cumbre. Diego estaba sano, entero, incontaminado, en cada partido tenía la ilusión de demostrar y resultaba imparable. Nunca pudo Menotti explicar tamaño desatino. Ni siquiera siendo campeón.
Pekerman llevó a Messi a Alemania 2006 contra su voluntad. Lo quería la gente, no él. Y no se atrevió a ponerlo frente a Alemania, el partido que había que ganar para ser campeón. Prefirió morir con Hernán Crespo y Julio Cruz.
Afortunadamente, Vicente Feola era brasileño. Ellos tienen otro concepto: siempre hay lugar para los buenos. Por eso Pelé deslumbró en Suecia 58 con solo 17 años.
Feola tomó la decisión correcta: si aun con 17 años es mejor que los otros ¿por qué dejarlo afuera? Lo mismo vale para Manco: hay que poner en una licuadora su escaso desarrollo físico, su inexperiencia, su carácter aun más de niño que de hombre; también su fabuloso caudal técnico, su talento y velocidad mental, esa preciosa agresividad. Y batir bien. Si el resultado es superior a los titulares de Chemo, tiene que jugar, no importa la edad. El mejor es el mejor.
Pero si no lo ponen, nunca lo averiguaremos.