EL CONSAGRADO ACTOR PERUANO REGRESA A NUESTRO PAÍS PARA PARTICIPAR EN AUTO SACRAMENTAL DE CALDERÓN DE LA BARCA
Por: Alberto Revoredo |
Han pasado dieciséis años desde la última vez que trabajó en un escenario peruano. Desde entonces cambiaron algunas cosas, pero no las importantes. Envidiablemente sereno, con la prudencia del que sabe, sencillo, garboso y con un inalterable acento peruano --pese a que lleva tiempo radicado en México--, el señor Ricardo Blume ensaya en Lima junto con el elenco de "La vida es sueño", el auto sacramental de Pedro Calderón de la Barca que presentará la Pontificia Universidad Católica del Perú del 21 al 26 de noviembre.
¿Es un sueño cumplido regresar a hacer una obra a Lima?
No sé si cumplido o si es el final de un sueño; cerrar un ciclo, tal vez, pero sobre todo el placer de estar en Lima y trabajar aquí. Reencontrarme con amigos, trabajar con alumnos y con alumnos de mis alumnos, es totalmente refrescante. Ya pasé dos semanas ensayando y me ha encantado.
Hablemos de su personaje en el auto sacramental: el Poder
Es muy bonito, porque es una trinidad: el Poder, la Sabiduría y el Amor. Es como un dios muy democrático porque le pide consejo a la ciencia, que es la Sabiduría, y al sentimiento, que es el Amor; pero él decide y toma las decisiones. Es un Poder bastante humano, tiene cosas que a mí me parecen divertidas, como apartes hacia el público donde les explica cosas. Es una obra estupenda, como es Calderón; es un regalo para los actores.
Usted ha hecho teatro, televisión y cine e interpretó a cientos de personajes. ¿Le pasó que incorporó características de alguno de ellos a su propia personalidad?
En el momento en que los haces son un poco pegajosos. De repente te encuentras diciendo algo como el personaje. Por ejemplo, con el último, con Freud, que hice por casi tres años, pues sí, hay cosas que se te quedan.
¿Y le pasó al contrario: que usted se coló en alguno de ellos?
Seguramente. Cuando no te dirigen mucho o no te dirigen bien, te vas con tus querencias y lo que te es fácil es lo que te es cómodo, y lo que te es cómodo es lo que se parece a lo que eres tú. Eso lo hacemos mucho en las telenovelas, no hay personajes y tú pones tu personalidad. Hacer creíbles esos personajes de cartón es el trabajo más duro que tenemos los actores.
¿Su punto más alto en el cine fue "Mezcal"?
Personalmente, sí. Estuve nominado para el Ariel, que entrega la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas. Hice un personaje totalmente diferente a los que yo había hecho.
¿La formación actoral ha ido perdiendo el rigor de antes?
No. Creo que ahora hay mejores herramientas y escuelas que enseñan mejor técnica. Lo que yo enseñaba era más una ética del teatro, una actitud hacia él, y dentro de eso una técnica mínima. Era un trabajo a fuego lento, que se hace como los buenos guisos, no era instantáneo como el Nescafé. Ahora abundan los talleres de dos o tres meses, antes el trabajo era más sólido. Había que empaparse del teatro clásico, que es como actuar con corsé, porque te obliga a ciertas formas, maneras, dicción. Luego te quitas ese corsé y puedes hacer teatro moderno y contemporáneo con mucha comodidad.
¿Qué es lo que más le gusta de su nueva ciudad?
El cielo alto serrano y el sol todos los días.
¿Y lo que más extraña de Lima?
El mar, siempre viví cerca de él.
¿Siempre supo que quería ser actor?
Jamás, pero con el tiempo descubrí que lo mío estaba relacionado con el arte. Entré a la Asociación de Artistas Aficionados para ver a las chicas en malla y al pasar por el corredor vi un ensayo, me gustó y me quedé. Yo buscaba un cauce. Una de esas chicas, Silvia, se convirtió en mi mujer.
¿Cuál es el secreto para mantener una relación tanto tiempo?
La clave está en enamorarse como antes. Nosotros primero fuimos amigos, fuimos mucho al cine, al teatro, y un día me di cuenta de que íbamos de la mano. Nos enamoramos y nos casamos en el año 60.
¿Con los años uno se vuelve más sabio?
Más sabio o a veces más torpe. Yo estoy más allá del bien y del mal, no tengo cosas que quisiera hacer y no he hecho, frustraciones. Estoy en una etapa de mi carrera en la que hago lo que me gusta, no tengo apremios o cosas que hacer por obligación. Siempre he sido selectivo, pero ahora mucho más todavía.