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Los mercachifles del Estado

Por: Juan Paredes Castro |

Es tanta la demora del Gobierno en dotar al Estado de un sistema transparente de compra y venta de bienes y servicios, que los ministerios no tienen más remedio que llenarse de mercachifles y mercachiflería.

Ni siquiera podemos hablar de mercaderes y mercadería.

Ahora hemos pasado, en poco tiempo, de las complicaciones de comprar patrulleros, en medio de sospechas e investigaciones de corrupción, al apremio de vender inmuebles, en medio de la más absoluta carencia de normas y condiciones mínimamente aceptables.

Esta especie de tienda de buhonero que el Estado saca de cuando en cuando a la calle acaba generando más denuncias que beneficios. Y las consecuencias no son solo domésticas. Tenemos a un general de la Policía Nacional, Víctor Raúl Gandolfo, devuelto por un juez al Ministerio del Interior, que lo había investigado y separado de su puesto de inspector por su oscura participación en la compra de patrulleros. Y a un ministro de Vivienda, Hernán Garrido Lecca, dueño de una ruidosa rabieta política por su frustrado empeño en acelerar la venta de elefantes blancos inmobiliarios del Estado.

El triángulo de conflicto es el mismo, con un Estado que unas veces tiene la necesidad de comprar y otras de vender, con una administración pública que ciertamente enreda y bloquea todos los procedimientos de compra y venta, y con funcionarios y ciudadanos, unos honestos y otros no, enfrentados al arca abierta de las licitaciones, los concursos y finalmente de la corrupción.

La figura legal y correcta debería ser la de un Estado que compra y/o vende. No la de funcionarios que se arrogan la función de cortar y pinchar la torta patrimonial fiscal por su cuenta y riesgo.

El ministro Garrido Lecca cometió dos errores juntos: pretender sacar una rápida ley para la venta rápida de terrenos del Estado (quién sabe con la mejor intención) y luego autoexiliarse en Pisco como reacción a la negativa del Gabinete de aprobar su propuesta. Su tercer error podría ser su no descartado juego de presión sobre el presidente García desde la supuesta ventaja de que nadie sabe más que él de la problemática del agua y sus soluciones.

De paso, el autoexilio de Garrido Lecca, en Pisco, con todos sus trastes, tiene que haber hecho montar en celos al jefe del Forsur, Julio Favre, que en el colmo de los colmos no puede reconstruir ni un ladrillo porque presupuestalmente está atado de pies y manos.

Este es el Estado Peruano que espera el TLC. Su disyuntiva es dramática: cambia desde adentro o la globalización lo cambia desde afuera.

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